RPM: 50 años de At Folsom de Johnny Cash

May 17, 2018

I hear the train a-comin’:
50 años de At Folsom de Johnny Cash

Por Ernesto Acosta Sandoval @erniesandoval_

A lo largo de su carrera, Johnny Cash tuvo varias resurrecciones. Justo en el momento en el que se creía que el Hombre de Negro ya lo había dado todo, agarraba fuerzas y hacía algo que lo volvía a poner en los reflectores. Quizá el más fuerte de estos renacimientos lo tuvo en 1968. Previo a ese año, el mundo de la música pop no tenía lugar para resabios de la primera época del Rocanrol. Menos para un cantante que siempre habían promovido como estrella Country y sólo de pasada había sido asociado a Elvis, Jerry Lee Lewis, Roy Orbison, y demás cantantes emanados de Sun Records a finales de los cincuenta. Durante gran parte de la siguiente década, Cash la pasó sacando antologías de los éxitos de sus primeros años, discos con temática religiosa y haciendo estancias en hoteles de Las Vegas. Nada memorable, pues. Hasta que se dio cuenta que una parte importante de su audiencia no estaba en los lugares en los que solía tocar sino detrás de las rejas. Cash había cantado sobre forajidos, criminales, asesinos, pero nunca les había cantado a ellos. Al menos no frente a frente.

El 13 de enero de 1968, Cash y su banda (los Tennessee Three: Marshall Grant, Luther Perkins y WS Holland), además de algunos invitados (June Carter, Carl Perkins, y los Statler Brothers) entraron a la prisión de máxima seguridad Folsom en California. Folsom tenía fama de ser una sucursal del infierno en la tierra, por ponerlo amable. Nadie en Columbia Records estaba seguro de que fuera una buena idea, pero tampoco se atrevieron a contradecir al cantante cuando les propuso la idea de grabar un disco en vivo en una cárcel, idea visionaria por donde se le viera, partiendo del principio de que estos hombres también eran humanos aunque nadie lo quisiera reconocer. Los guardias estaban nerviosos, el alcalde no se la pasó nada bien, Cash no hizo nada por alivianar la tensión: se burlaba de ellos, alentaba a los presos a que aplaudieran más fuerte, a que le pidieran canciones, a que dijeran groserías (en el álbum original se escucha el bleep cada vez que Cash suelta una palabrota). El setlist fue una mezcla de sus clásicos, de favoritas y tradicionales del género, uno que otro espiritual, un par de duetos con June Carter, y hasta se avienta una canción que había escrito un preso y que se la había enviado unos días antes. Dieciséis canciones que hacen que uno se pregunte cómo es posible que alguien con esta presencia y este poder haya tenido que tener un renacimiento. Desde el momento en el que el cantante toma el micrófono y anuncia: “Hello, I’m Johnny Cash” y se arranca con “Folsom Prison Blues” hasta el último acorde de “Greystone Chapel”, esto es pura electricidad que se puede sentir en lo que sale por las bocinas.

At Folsom terminó de demostrar que para Johnny Cash no había barreras, ni sociales, ni musicales, ni raciales, ni de clase. At Folsom es un documento esencial para entender la psique y el ethos norteamericano de finales de los sesenta. At Folsom no sólo volvió a poner en el mapa a su autor, sino que hizo que se desatara una oleada de interés por las raíces Country del Rock y el Folk a la que se subieron Bob Dylan, Joni Mitchell, Elvis, y desde el otro lado, también logró que cantantes Country se posicionaran en el gusto del público consumidor de Rock: Dolly Parton, Willie Nelson, Kris Kristofferson quizá no hubieran logrado el crossover que tuvieron al principio de los setenta de no ser por este álbum y su sucesor del año siguiente, At San Quentin, el otro disco grabado también en un prisión. Esto es Johnny Cash en su estado más puro, en su ambiente, desenvuelto, y listo para enfrentar los siguientes 35 años que tenía por delante.

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Post escrito por: Ernesto Acosta

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