Desde un tiempo para acá, he estado soñando con que un día de estos Ty Segall, Tim Pesley (White Fence), John Dwyer (Thee Oh Sees) y Mikal Cronin se den cuenta de que formando un grupo podrían crear el mejor disco de Rock Puro en años. Todos se han encontrado, todos se han ayudados en sus respectivas bandas, en alguna gira se han invitado como amigos, etcétera, etcétera, etcétera.
Pero hace poco Mikal Cronin ha dado un salto gigantesco. Él es un joven que comenzó en bandas de amigos universitarios, siempre como un apasionado afín del Surf Rock y el Garage Rock, incluso fue ayudante del mismo Ty Segall y grabaron un álbum en colaboración (Reverse Shark Atack, 2009), ademas de acompañar a algunas tocadas a su otro amigo John Dwyer y Thee Oh Sees. Con lo aprendido y la inspiración de vivir en Laguna Beach, California durante su infancia, en 2011 dio vida a su debut homónimo, un trabajo lleno de energía Punk, Pop y tan fuerte como las olas del mar.
Su talento indeleble fue tal que Merge Records quien resguarda a bandas de la talla de Arcde Fire, decidió tomarlo y ayudarlo a pulir su estilo con un estudio mejor que el de In The Red. MCII, salido el mes pasado, mejoró y desarrolló todo par ver a Mikal Cronin dar un paso para ser un grande, agregando pianos y un puñado de arreglos que embellecen su música, reluciendo sus melodías. El posee un mood del estilo Wavves, pero a diferencia de Nathan Williams,Cronin se ahorra el cinismo y la misogínia mordaz pra apegarse más a una realidad llena igual de empatía que de optimismo. Con esto, MCII se ha apuntado ya con un lugar en lo que será lo mejor del 2013 y eso es un hecho, ademas de que Cronin ha salido de la sombra para que todos puedan apreciar su formula de poder.
Poco debe faltar para que Phoenix sea declarado patrimonio musical de Francia. Todo debido a que desde United (2000) hasta Wolfgang Amadeus Phoenix (2009) la carrera del mejor grupo francés de la actualidad estuvo llena de una propuesta fresca, agradable y aventurera, que nunca tuvo ni un solo fallo en la reproducción cronológica de su evolución hasta verse consumada, y a pesar de ser su álbum más exitoso y comercial hasta la fecha, con su ya mencionado éxito del año 2009. Desde entonces, 4 años sirvieron para pensar con exactitud lo que un quinto disco habría de hacer: apostar de nuevo por una exploración y superación a lo que se logró con WAP, o, hacer una segunda parte de éste para multiplicar y reproducir el éxito hasta entonces obtenido; por desgracia para la segunda opción fue la más fácil de tomar, pero a diferencia de otros grupos que han elegido el mismo camino, la calidad de Phoenix es más difícil de perder antes que volverse un producto vende discos.
Bankrupt! (o Wolfgang Amadeus Phoenix II) es apenas todo lo que uno podría esperarse de la banda. Los ganchos en especial es lo que no han perdido -tanto en el sonido como en las labores vocales de Thomas Mars- pero es igual de cierto que este es el primer disco en el que Phoenix opta por no arriesgar nada y prefieren no experimentar con cosas nuevas, sino antes asegurar su éxito que han logrado. El más claro ejemplo lleva por nombre “Entertainment“: fuerte, portentosa, estrepitosa, con un teclado oriental que ha de quedarse impregnado en el cerebro tanto y de igual forma como lo fue “1901“. Sin embargo, eso que en “Entertainment” sobra y la hace ponerse a la altura del estándar Wolfgang Amadeus Phoenix, es parte de lo que falta a lo largo del álbum, aun suene contradictorio, el grupo no tiene pensado convertirse en una maquina de música para estadios. “The Real Thing“, “Trying to Be Cool” o “S.O.S. In Bel Air” son deslizadores de medio tiempo con arpones sumamente agradables pero de tamaño mediano, en estas 3 piezas tanto como en mayor parte del álbum; los teclados con ese toque nipón, las capas de sonido son lo que más han desarrollado y lo hacen perfectamente, esa combinación con su ya conocido songcraft da vida una combinación nutritiva y dulce así como el arte de su portada.
Hay otro punto en particular que es bien resuelto, “Bourgeois” tiene una incursión de la guitarra acústica que Phoenix no usaba desde It’s Never Been Like That, aún así agregada a este nuevo estilo se siente con vida y ensamblada de forma limpia y en cantidad exacta. Por último el arquetipo de la final “Oblique City” es inmejorable, desde iniciarse y pararse sobre un toque de piano rítmico y estrellarse contra una muralla de sintetizador para formar un coro dulce y difuminarse en unas cuerdas que se van perdiendo ante la vista. No obstante, Bankrupt! tiene un mensaje; sobre todas las cosas el común denominador de las letras intentan reflejar un sentimiento de vacío que requiere de reflexión, “Entertainment” dice: “Lo que una vez me negué a ser, Es todo por lo que ellos suspiran juntos, Prefiero estar solo“, incluso en los momentos que el disco se muestra más optimista, la sonrisa siempre es de forma sardónica. El mensaje es claro y Mars lo confiesa de forma sincera y natural.
Pero Bankrupt! no deja de sentirse ligero, y a veces el uso primario de los sintetizadores le dan un toque artificial (en el mejor sentido). No hay duda que es un álbum perfectamente agradable, al menos si se esperaba no decepcionarse de Phoenix, bien, el cometido está cumplido, si se buscaba algo más, o el siguiente escalón en la transición como el grupo lo venía haciendo, entonces Bankrupt! queda a deber eso; por tanto la fecha de caducidad es aún menor que cualquier disco anterior de la banda de Versailles. Sólo para entretenimiento.
Poniendo ya sobre el papel, analizando y corrigiendo lo que usted está leyendo, recordaba que en realidad Yeah Yeah Yeahs nunca me ha terminado de convencer. Que el lugar casi mesiánico con el que han vuelto tras su largo silencio es poco merecido, claro, sin menospreciar sus discos. Refiero a que son, de las bandas que tienen un estatus de élite de la década pasada, quizá la única que no hizo nada para reinventar la música. Sin embargo, la culpa no es de ellos y tampoco es que Karen O y los suyos se hayan o estén aprovechando de ello, es por eso que la forma en que YYY’s ha llevado su carrera a lo largo de sus años en activo, es de aplaudir a razón que nunca se han colgado de repetir un disco anterior y con cada nuevo material se ha tratado de una nueva cara musical.
Claro está que YYY’s es una banda de canciones antes que de discos, quizá sólo Fever To Tell puede amarrar mayor fuerza gracias al Punk estrepitoso y gutural que aún sigue emocionando, y más que nada por ser su debut y una clara declaración de intenciones del que aún “Maps” brilla con la misma luz de aquel entonces. Con Mosquito viene un revuelo acrecentado desde que termino el efecto It’s Blitz!, cual fue un cambio radical a las pistas más electrónicas pero con el mismo grado de entusiasmo y en ocasiones efectividad. Pero si hay algo que de verdad debe ser aplaudido, es que YYY’s puede cambiar completamente de estilo y vestimenta sin perder un gramo de su esencia, ya que a pesar de los giros notorios a lo largo de sus cuatro álbumes, sigue sonando inconfundiblemente como Yeah Yeah Yeahs. La prueba está en “Sacrilege“, su nueva cara y su nuevo sonido adulto que es de las mejores canciones que han hecho hasta la fecha, hacer que suene como una oración mientras Karen O canta por un megáfono, su ritmo delgado de metales y hundirse en el dramatismo de coros gospel, todo eso nuevo sucede y aún parecen sin duda Yeah Yeah Yeah’s.
Y este nuevo álbum está lleno de eso; de YYY’s andando por nuevos terrenos, “Under The Earth” es tan delicada con la voz tímida de O equilibrándose sobre el filo de una percusión apenas visible. Muy a pesar que Fever To Tell sigue siendo su mejor álbum, el grupo jamás ha vuelto a intentar algo parecido y eso es notable, pero de lo que no han perdido el cánon, es en la forma de hacer baladas al estilo “Maps“, sin duda su canción más exitosa y una de sus fórmulas que más dominan aún casi 10 años después en “Wedding Song“, una canción sentimental de ritmo tenue, tierna y llorosa, así como “Despair” también es de energía controlada pero con un enfoque mayor a los detalles alrededor de la entrañable y cambiante voz con que Karen O va atravesando la canción, dicha pieza es bastante sencilla pero posee una melodía en el coro que se queda marcada en la memoria.
Pero si hay algo de lo cual el grupo sigue pecando y aún no dominan, es su necesidad de ser extraños o al menos de la misma Karen O en ser excéntrica. En Fever To Tell esa energía de sobra estaba canalizada; si aquellos atascos de velocidad y actitud en “Pin” o “Date With The Night” no hubieran estado bien ubicados hubiese sido un espantoso desastre que aquí casi ocurre con “Area 52“. Con Mosquito desde el irreverente título y la horrible portada hay algo que no está del todo bien, y por si fuera poco tienen hasta una canción que da titulo al álbum que es ridículamente torpe, de percusión a manera de ritual pero con Karen O cantando o haciendo un acto cómico de caras graciosas mientras canta y hace zumbidos, en contraparte de estos excesos por primera vez YYY’s también es más ambiental y sereno con “Subway” que es el momento más denso del disco en medio de una atmósfera brumosa y el sonido lejano del metro subterráneo de Nueva York. Con los defectos de siempre pero con nuevas virtudes a través de los años, no deja de ser admirable la forma en que Karen O, Nick Zinner y Brian Chase siguen poniéndose a prueba de nuevos estilos y lo mejor, siguen saliendo ilesos de ellos y con un par de éxitos nuevos.
Por José Marr @JR_Marr /// Fotos: Tais Policanti @photopeanut
¿Alguien recordaba que existía el José Cuervo Salón? Hace siglos que yo no lo visitaba, hace años que se oficializó que no es un lugar apto para albergar conciertos. Como sea, según información, el sinónimo del problema de logística por el cual el recinto tuvo que ser cambiado, debe al inestable subsuelo del Auditorio Blackberry, que ante cualquier pronóstico, sería incapaz de volver a soportar una muchedumbre enardecida, saltando y disfrutando de un show como es capaz de darlo Two Door Cinema Club.
Con retrasos, con gente que se oía entre el ambiente, se acababa de enterar hace unos minutos, pero que aún así no optaron por el rembolso de su boleto y aceptaron el ir a presenciar lo que el trío de Irlanda ofrecería en el escenario por segunda noche consecutiva en México. Ligero retardo como era de esperarse mientras algunos hits de fondo sonaron en la espera de un José Cuervo Salón que se volvía a sentir vivo, así pasados unos minutos todo se fundió con el aparecer del grupo y el gran recibimiento al compás de “Sleep Alone“… “Lo sabía, de esto es capaz TDCC” -pensaba dentro de mi, mientras me emocionaba por ver a todos y cada uno de los presentes, saltando y volviéndose locos- y es que como lo decía hace algunos meses al escribir sobre Beacon: “Two Dor Cinema Club es una de las mejores bandas promedio”, que quizá no están preocupados por inventar cosas nuevas, pero sí son de las mejores bandas haciendo canciones simplemente poderosas y tocando arriba de un escenario. De vez en cuando es necesario un grupo que pueda explotar a su público y hacer valer cada centavo del precio de su admisión, de divertir sin mesura con un concierto en el que no haya ni un segundo de desperdicio, ni un momento en que la música permita reposar al oyente.
Absolutamente todo causó éxtasis, “Undercover Martin“, “Do You Want It All?“, “Something Good Can Work“, me imagino que desde que ellos se encuentran grabando sus temas saben perfectamente como deberá ser grabada en especial la batería, que es, el motor que hace al público para seguir el ritmo con aplausos y de repente exploten en saltos cuando los grandiosos coros se disparan, sonando ademas de todo con la misma claridad y limpieza que se demuestra en sus discos físicos, pero con todo, el regocijo total de la gente fue aún multiplicado con una gran ejecución de “I Can Talk”, a la cual le fue agregado un final salvaje. Agradezco enormemente que no se hayan olvidado de las trompetas en el Funk electrónico de “Sun” (además con un bajo perfecto) y los globos blancos lanzados con “Eat That Up, It’s Good for You“, pero por supuesto agradezco también, la entrega de Kevin Baird y Sam Halliday quienes nunca pararon de moverse y bailar con sus instrumentos, y un Alex Trimble dirigiendo a sus discípulos y siempre intercambiando miradas con los presentes.
Pasando incluso el encore, la ovación nunca cesó, el público victoreaba a sus ídolos, les pedía más y el regreso fue devastador; “Cigarettes in the Theatre” con la que de nuevo las energías se revitalizaron al 100% y el tumulto no se hizo esperar, de la misma forma “Someday” antes de que Alex Trimble hiciera una pausa de nuevo para agradecer y avisar que el final estaba por llegar con la inconfundible “What You Know“, la cual en vivo se ha vuelto una costumbre iniciar presentando el estribillo. “Are You Ready?!!!” pregunto Trimble a postre del acto final, sonaron las guitarras y la noche se veía consumada, la gente seguía la canción cantando a todo volumen, saltando, bailando sin control, con las manos al cielo y antes de que los últimos segundos pasaran los aplausos ya estaban para agradecer una noche en la que el calor no importó para que todo fuera entrega total en el Salón 21, así también los integrantes del grupo se detuvieron para devolver el favor a sus presentes, quienes tanto como el grupo dejaron todo para presenciar uno de los conciertos más energizantes que muchos presenciaran en sus vidas, o al menos hasta que Two Door Cinema Club agregue un nuevo disco a su catalogo y vuelvan a pasar por nuestro país.
He tratado, pero no he podido reconocer a Wavves como una estrella del Punk Pop Lo-fi, aunque con King Of The Beach y sus dos discos anteriores radicaba ese encanto que hoy en Afraid Of Heights está casi perdido. Y no es menor motivo, el mencionado éxito de Nathan Williams después de su estricta rehabilitación a las drogas lo catapultó de inmediato a los papeles estelares del globo Indie con toda regla. Haciendo memoria; su debut Wavves (2008) es hasta la fecha un álbum prácticamente inaccesible. No obstante de ahí en adelante todo fue por el buen camino, con Wavvves las cosas se fueron esclareciendo un poco y se comenzaron a asomar más los formatos tradicionales de una canción y las guitarras podían (aún con esfuerzo) comprenderse un poco más. Ya después con King Of The Beach la producción fue totalmente purgada y estilizada para lograr paladear con más claridad lo que Williams tenía que ofrecer. Ese encanto tenía un concepto; ser el rey de la playa y de los sinónimos de esta, ráfagas de guitarra distorsionadas, una cubierta pastificada, todo ahí funcionaba con un mismo propósito, pero Afraid Of Heights carece estos últimos atributos ademas de no tener orientación y enfoque.
Desde este punto parece que ya todos tienen un criterio sobre Wavves, de hecho su EP de 2011 Life Sux fue una noticia que corrió por lados todos al grado de ceder hoy parte de sus derechos a Warner Bros. y romper sus lazos con Fat Possum. Por vez primera y en mayor medida ahora se confirma el fanatismo que Williams siempre ha tenido por Nirvana y sus influencias de Nevermind, pero también desde luego Williams ha estado escuchando más la radio moderna para ver hasta que grado su música es capaz de encajar en esas frecuencias. Sin embargo, su autor también recientemente dijo que había estado escuchando una y otra vez The Blue Album de Weezer y he aquí donde parte la vida de Afraid Of Heights, que, para ser preciso, es un mero método reutilizado. Si bien Wavves se alejó de su Lo-fi de siempre para crear un registro más emocional y mucho más melódico, el cuarto trabajo es un poco tarde para hacerle un homenaje a Weezer o un pequeño plagio a “Come As You Are” de Nirvana con “Demon To Lean On“.
Bueno, en aquel entonces The Blue Album era fresco y Weezer un pionero en hacer un sonido tan fuerte como amigable basado en simples progresiones de acordes y quintas de guitarra. Entonces coincidimos que lo de Wavves suena rudimentario. Sucede el tipo de disco que no hace nada por la música pero sobrevive a base de ser entretenido, o al menos no aburrido. “Lunge Forward“, “Paranoid” y “That’s On Me” explotan eso con guitarras asesinas a toda velocidad por una vía recta y ascendente, el tipo de canción que cualquier banda de Punk Pop de la unión americana desearía (¿Green Day?), y en contadas ocasiones se dan lujos de agregar contexto, fondos, diálogos y -”woo-ooh-ooh-ooh’s – de intercalados intentando contagiar diversión extrema (“Gimme A Knife“). Por si fuera poco Afraid Of Heights es un disco largo y pesado, por consecuente la potencia no se sostiene a lo largo del largo disco, y lo pesado no es en el tema de sus 13 canciones sino que después de “Sail To The Sun” que hace un desvió con su intro de claves y cristales, todo es uniforme, de un solo color y por ende fácilmente olvidable. Aunque en “Dog” una guitarra acústica aparece para cambiar un poco las cosas, es decepcionante cuando esta cae en un estribillo monótono y cansado en el que de nada sirve decir: “Seguiré siendo tu perro” con una voz sin tacto alguno.
Parte de la inmediatez de King Of The Beach funciona aquí, pero el mismo truco no es sustentable dos veces, pierde frescura y si lo sigues repitiendo en la mayoría de tus nuevas 13 canciones, olvídate. Pero otro problema es que Williams cree que sólo con desviarse a experimentaciones sónicas sin motivo ni razón como lo hace en el momento final del track “Afraid Of Heights“, le ayudaran a algo, aunque no siempre los intentos en su laboratorio científico le salen mal (“Everything Is My Fault“). El resto parece ser un simultaneo virus entre Nathan Williams y su vigente novia Bethany Cosentino (el 50% de Best Coast y quien se encargó de hacer uno de los peores discos del 2012), lo digo porque encontraron y comparten la misma fórmula: jugar un poco con la guitarra y encontrar dos tonos donde se pueda cantar, así entonar relajado y que por lo regular la batería sea de forma acelerada para que lo poco que hay, no parezca más aburrido de lo que ya es. Al menos Williams se salva en un punto de Afraid Of Heights, y refiero a cuando aparece “Cop“, que es una joya perdida entre la nada, sí, acústica, pero brillante, cambiante, optimista, trabajada desde arreglos orquestales hasta, silbidos y loops apenas perceptibles, esta es sin duda la mejor canción del disco pensada desde los años en que The Beach Boys habitaban las playas de los Estados Unidos y que aún así en ningún momento suena arrebatado de la banda de Brian Wilson; ¿Ecos a Nirvana? Aún parecen estar muy arriba, y con “Miedo A Las Alturas” es imposible llegar.
Todo se ha vuelto parte de una rutinaria y cada vez más cansada tradición, de una batalla por ver quien aporta mejores cosas al mundo. Por el momento en la eterna batalla de Inglaterra vs. Estados Unidos, los americanos llevan la delantera y la antorcha de la innovación, Inglaterra ha sobrevivido a base de sus memorias, quienes con cada año tiene que nacer el supuesto mejor revival de alguien, tan solo hagan un poco de memoria hacia el 2010 con The Vaccines (que por desgracia siguen vigentes) y el año pasado con Howler (¿Donde están los nuevos salvadores del Rock?). Este año se repite la historia con Palma Violets, una agrupación de nuevo de los barrios de Inglaterra. Pero por fortuna los orgullosos ahijados arropados en producción por Steve Mackey (Pulp) traen algo más en su sonido que tres acordes y el circo barato de NME haciéndoles caravana, que de hecho ya lo hizo el año pasado dando al tema “Best Of Friends” el galardón de mejor canción del 2012. Pero la naturaleza de Palma Violets es suficiente para eso, de hecho, su intención era solo divertirse haciendo música Rock, imitando a los artistas con quienes crecieron y los discos clásicos que escucharon dando a 180 la virtud de ser un trabajo que pudo ser concebido entre 1960 y o el día hoy.
El fantasma de las bandas de Garage 60′s en la música de Palma Violets es innegable, “Best Of Friends” es un poco The Ramones y Sex Pistols, y “Rattlesnake Highway” es un poco The Clash y Velvet Underground (“We Found Love“). Pero se aprecia un sentido de diversión especial aquí, los cambios repentinos, los ritmos que inesperadamente se sacuden pero todo como parte de una intracción y convivencia instrumental de sus creadores y les queda muy bien. Hasta en los momentos donde el disco intenta llevar una corriente calmada como “Chicken Dippers” o “Three Stars” se siente como una pesadez a punto de estallar, y lo hace, del tipo Pixies o más recientemente The Walkmen. 180 también es suelto y anti-producido para darle ese toque a Rock puro que tanto gusta en la actualidad, así lo de Palma Violets es fácil pero fiel, siendo que mientras el Rock ha sido criticado por no cambiar nunca, el grupo toma eso como una necesidad para su música, incluso los vivos de un órgano que resalta el borde de las canciones, es un recurso que desde The Doors no se oía tan agradable, y al menos en el climx final de “Rattlesnake Highway” sabe a un poco de gloria.
Entonces también la portada a blanco y negro funciona dentro del juego, los niños rebeldes afuera del club del barrio también. Sus líderes Chilli Jesson y Sam Fryer darán mucho de que hablar, por su carisma y su funcionalidad como dupla compositiva y ser como muchas que hemos visto desfilando por esta misma senda (¿Carl Barat / Pete Doherty?), además que sus letras son referente de una generación de 18añeros con un sentido más común y corriente y no, de alguien que se cree Rockstar y quiere dar lecciones de vida. Palma Violets no merece más merito ni mayor menosprecio por este disco, tampoco es que 180 vaya a ser la revelación del año (eso pasó hace más de 10 años la última vez y no se repetirá), pero lo que lo salva de caer en una estafa barata es que el Rock también debe traer un espíritu de juventud que quiere vivirlo y sentirlo, cosa que se le ha olvidado a algunas de las bandas que han pasado por aquí hace algunos ayeres. ¿Saben algo más? es como la versión creíble y más creativa de The Vaccines.
Hace un par de meses, un amigo con el que tenía una reunión ya acostumbrada en la que dialogamos con música de fondo y nuestros iPods son como cartas de juego, resulta que ocurrió hacer una interrupción para presentarme a Rhye. Sabiendo que soy todo un detractor del sobrevalorado trío The XX, me dijo esta frase: “Esto es lo que The XX debió haber hecho en su segundo disco si de verdad fuesen un gran grupo”. El encanto fue inmediato, en ese mismo instante comenzaban las auroras de cuerda de “Open” mientras que mi sentido del oído era acariciado por el terso sonido y la voz aromática de Mike Milosh.
Rhye es un dueto de Los Ángeles que recién acaba de publicar su primer disco llamado sencillamente Woman bajo el sello de Polydor Records. Son minimalistas pero con un sentido y una visión de la música detallada, donde ser simple es una cuestión de belleza delicada, no, de falta de iniciativa. Dicho álbum es una obra refrescante, vanguardista, pura y elegante, que sobre de ese sonido tan liviano florecen teclados, cuernos y aires tan claros de Jazz y Soul con un alma llena del significado del amor y su pureza.
Ha pasado poco más de un mes que Woman salió al mercado, pero suficiente para que el encanto de temas como “Open“, “The Fall” o quien presta el nombre al disco “Woman“, sean ya de lo mejor que se ha hecho en el año. Pero en especial, en el disco yace una pieza llamada “3 Days” cual funciona como una síntesis perfecta, natural, relajante y deliciosa de lo que es el grupo. Se trata de una caja de ritmos silenciosa donde la voz de Mike Milosh se va consumiendo poco a poco como si fuese un incienso de efluvio delicado, pero hay un viento, un viento que da forma a cada aura de aroma y un piano que sutilmente golpea y disuelve la hermosa fragancia en el ambiente. Si Rhye no logra el premio de disco del año, al menos será casi garantizado, el mejor debut durante el 2013.
Hablar de The Strokes es difícil, desde luego son una banda grande y emblemática, pero desde 2001 con la salida del hoy clásico Is This Itla banda ha ido decreciendo en cuanto su nivel compositivo se trata. Al menos sus dos primeros discos fueron capaces de marcar todo una generación, fueron discos que no precisamente eran innovadores pero por el momento en el que el Rock estaba sumido, vinieron a “rescatar” y reavivar e inspirar de nuevo una escena que parecía perdida. He ahí el problema con el que The Strokes cargará por siempre y hasta el día final de sus vidas: haber creado un par de discos inmortales, que anclen todo a comparación y a unas expectativas de todo el mundo de volver a marcar una generación; por ende de ahí en adelante cualquier nuevo esfuerzo como First Impressions Of Earth o Angles aún con la intención de superarse con un crecimiento artístico, siempre han quedado a deber o al menos, no han vuelto a lograr la unanimidad de opiniones.
Pero lo intentaron y hubo aciertos, en First Impressions Of Earth lograron un sonido limpio, más pretencioso, de más cuerpo, elaborado y hasta elegante. Lo de Angles que hizo más ruido por su gran regreso fue tachado por algunos como mediocre, pero hubo grandes resultados y tras su desaparición de 4 años era de pararse y aplaudirles, por sus experimentos con el New Wave y electrónica. Tengan por seguro que ni una sola canción de Comedown Machine se equipara a los destacados de cualquier disco anterior aunque “All The Time” se siente a poco de lograrlo. Esta vez, se podría decir que The Strokes sigue aferrado a buscar nuevas formas de variar sus sonidos, lo cual está bien, pero parece que cada vez se exigen menos tomando en cuenta a lo que suena el resultado final. “One Way Trigger” y “All The Time” no tienen mucho que ver aquí, por un lado su más descarado experimento y por el otro, el sabor a sus primeros gloriosos años que devolvió esperanzas a sus fans alejados, pero también mostrado como una urgencia del grupo en utilizar el factor nostalgia en memoria a Is This It.
El álbum abre con 5 segundos que prometen ser un álbum potencialmente de guitarras, hasta que todo se transforma en el nuevo virus del grupo. Con “Tap Out” parecen haber encontrado algunas viejas cintas de Blondie o que en el estudio encontraron algún vinyl de Michael Jackson, los puntos de guitarra son dignos pero el falsete de Casablancas es tan desapasionado que contagia pereza, lamentablemente The Strokes no posee el Swing de dar vida a una canción en es estado. Julian Casablancas encontró la forma de hacer un falsete y desde entonces no ha parado de usarlo. Es ahora que “One Way Trigger” fuera de cualquier virtud representa un problema más en Comedown Machine, se esfuerzan demasiado en ser diferentes que se siente torpe y artificial, y cuando quieren recuperar y sentirse como en sus primeros años (“80′s Comedown Machine“), como unos jóvenes rockeros de garage, suenan a una de las 1,378 bandas que intentaron imitarlos tras su debut; amateur, pobre y sin gracia.
Eventualmente algunas cosas parecen tener forma y sentido, y por extraño que parezca son aquellas que se encuentran a medio camino y no suenan ciento por ciento a The Strokes. Las guitarras cóncavas y la armonía calmada de todos sus instrumentos y voz tenue en “Slow Animals” suena tomado de Phoenix en su etapa Alphabetical. “Chances” recuerda al lado romántico de The Killers o “Partners In Crime” reluce por su aprisa, siendo la pista más dinámica del álbum, es el único momento en que principalmente a Fabrizio Moretti y Nick Valensi se les ocurrió hacer uso de la energía en reposo, Albert Hammond Jr. recuerda que su ocupación es la guitarra rítmica y logran 3 minutos y medio de agilidad pura en el mejor track del disco.
El problema es que Comedown Machine no tiene propósito alguno, cuando no se sabe a qué se quiere llegar simplemente todo esta perdido en medio de nada. Angles como fuese, sonaba experimental pero con idea, era como una transición, pero este esfuerzo (si así se le puede llamar) no hace nada por mantener una identidad coherente. Quizá The Strokes fue el grupo que hizo el mejor disco y canción de la década pasada (Is This It y “Last Night“) y eso es casi innegable, pero son el peor grupo intentando evolucionar o dar un giro a su estilo, se han preguntado por qué nadie le reclama a Arctic Monkeys que vuelvan a crear algo similar a Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not, simplemente porque sus sucesores son lo suficientemente sustentables que no necesitan volver a imitarlo.
Deguste en última instancia la borrosa belleza de “Call It Fate, Call It Karma” donde irónicamente se exclama: “Así que no quiero que me recuerdes”, la voz somnolienta de Casablancas es exquisita, por primera vez se agradece el falsete, suena tocada desde un viejo y empolvado vinyl que resguardaba joyas de Jazz, pero es una lástima que las cosas buenas duren una canción y que nada tenga la intención de ser desarrollado. Decían en una entrevista que la portada del disco era una forma de recordar a los viejos discos de acetato, la época de aquel Rock de garage nato. Pero los sentimientos y la nostalgia no son suficientes para sacar a flote un álbum, cuando se ha perdido la química y gran parte de la creatividad, el futuro apunta a cualquier cosa menor que esto.
No hubo ni habrá mayor noticia durante todo el 2013, volvió David Bowie quien lo ha hecho todo, quien tiene una canción mundialmente generacional durante cada década hasta antes de los 00s y quien puede contar sus obras perfectas con los dedos de una mano. Fue desde su excelente Reality (2003) que la historia parecía haber llegado a su fin, de mil rumores desde el año 2005 sobre un nuevo disco, incluso peor se rumoreaba sobre un estado de salud no favorable para el legendario compositor. Pero entonces justo el día de su cumpleaños 66 apareció “Where Are We Now?“, para algunos decepcionante, para otros una joya, y sí, venía acompañado con la noticia de que un nuevo disco estaba listo. Créanlo o no, el viejo héroe aún suena fuerte, imponente y dispuesto a acrecentar su legado afirmándolo sin señales de recelo desde el tema de apertura “The Next Day” donde exclama: “Aquí estoy y no precisamente muriendo“.
Y no es solo Bowie, acompañado está por uno de sus colaboradores y productor de toda la vida y de sus mejores discos pasados, el señor Tony Visconti; así, el tema que da nombre al disco (“The Next Day“) inaugura la placa de forma desafiante, con guitarras chirriantes y tambores en marcha dando un toque bailable y no lejano a su etapa Scary Monsters. Su voz sigue siendo vaga, estéril y aún tiene esos estragos androginos en temas como “Boss Of Me“. Es extraño pero es la primera vez en su extenso y variado catalogo que David Bowie suena sin maquillajes caros, el más reciente single “The Stars (Are Out Tonight)” con sus maniobras vocales y su compás que vuela por todo lo alto, consigue un gancho como lo fueron sus tracks de Let’s Dance, pero también es elegantemente estrafalario como en sus últimas épocas de Heathen y Reality.
Para la segunda mitad del disco hay un cambio de dirección, se rompe la línea y aparecen algunos fantasmas de música electrónica del Bowie de los 90 con “If You Can See Me“, que desentona y no ayuda en mucho al álbum, sin embargo, lo que viene es maravilloso y se trata de “I’d Rather Be High“, que pudiera ser la unión de herencias de Low y Reality con su batería irregular pero programada y sus notas de guitarras destellantes, ademas por la forma en que su estribillo cae y se apoya por coros más claros. Incluso hay acertados uptempos que nunca decaen en “(You Will) Set the World On Fire” y aires de Glam en “(You Will) Set the World On Fire“, pero el verdadero sentir de David Bowie reaparece en su acto final. Así como se sincera de forma cruel y profunda en “Where Are We Now?“, así él termina rendido en “Heat” con bombos altos que eclipsan de manera fantasmal el entorno y miran una voz temerosa por parte de Bowie quien parece de nuevo estar confundido por su pasado: “And I tell myself, I don’t know who I am“.
The Next Day no puede ni debe ser cuestionado como si fuera el mejor o peor disco de David Bowie, ya que el simple resurgimiento de él y la manera en que lo ha hecho es sorprendente no sólo por el tiempo que ha pasado en la sombra, sino porque no suena cansado ni el álbum siguió la linea sombría y reflexiva de “Where Are We Now?“. Entonces surge esta pregunta: “¿A qué tenía que adaptarse David Bowie para el 2013?“, lo exenta de cualquier fallo. Quizá es un poco largo y hace algunas excursiones sobradas con tal de darle variedad al álbum, pero es innegable su voz sólida y familiar, las guitarras suenan como ninguna otra en la actualidad y sobre todo es un alivio para el oyente el saber que aún nuestro planeta atesora a una leyenda que sigue componiendo, siendo él, siendo natural, siendo un héroe real.
Video: David Bowie /// Where Are We Now?
Video: David Bowie /// The Stars (Are Out Tonight)
Al hablar de Johnny Marr la obligada introducción será siempre la misma al decir que él era la otra gran parte de The Smiths y el aliado de Morrissey que ayudó a llevar el nombre de aquella banda al estatus al que al día de hoy se encuentran, además de ser quien tocó la proverbial guitarra en aquella “This Charming Man”, etcétera, etcétera, etcétera. Es bastante notable pero a la disolución del grupo, el guitarrista no se apresuró a competir como solista, sino su nombre se mantuvo guardado hasta ser una estrella invitada en grupos como Modest Mouse o The Cribs siendo un ex Smith a partir de 1987 que nunca intentó copiar o colgarse de su pasado. Así, han tenido que pasar un par de décadas para poder escuchar algo montado en su totalidad por Johnny Marr después de haber sido un héroe generacional, consolidado y porque no, una viva leyenda.
Llegó el día, su primer disco debut. El juicio hacia de The Messenger es bastante difícil, Johnny Marr conoce una guitarra tanto como quien lee esto conoce cada rincón de su propia casa. Entonces seguramente uno se esperaría los mejores riffs de guitarra de los años 2000′s o, algo paralelamente espectacular a lo que ya se lo conocía con The Smiths. Pero para bien o para mal, The Messenger se debate entre estos dos estrictos regímenes sin golpear nunca a algún extremo intentando rebasar sus límites. Como debe de ser “The Right Thing Right” abre por todo lo alto dando aprisa con un galope incesante de percusión y una guitarra tan épica como mordaz que sería hasta el momento la mejor canción de The Cribs. La voz de Marr se estabiliza rápido en un tono promedio, maduro y agradable, pero tan pronto como la gran pista uno se desvanece el álbum cae en lo que un buen guitarrista más fácilmente podría caer: solo una conjuga predeterminada de instrumentos, batería de llenado intensivo más bajo más algunas maniobras de guitarra fuera de control y cualquier herramienta que él tenga a la mano para dar efectos a la misma. “I Want The Heartbeat” con sus guitarras chirriantes y su Post-Punk de alta velocidad, por supuesto no son malas canciones, la guitarra en “The Messenger” tiene ese tipo de golpes de cuerda que pudo haber hecho Franz Ferdinand y hace 10 años hubiesen sido un éxito, y “Word Starts Attack” encuentra un tiempo y un molde de guitarras que juegan inquietas entre si y provoca la intención de bailar.
Son 12 canciones con una tarifa estándar de guitarra Indie, como las hacen solo los prodigiosos de la guitarra en la actualidad, así también se puede pasar por alto las letras, que en “I Want The Heartbeat” diga cosas como “Get my my own machine, technology! technology!” al tiempo que entonces la canción por completo ya no cobra sentido con su “I want the heartbeat”. No obstante uno se da cuenta del otro gran error; sí, hay una canción llamada “Generate! Generate!” que ademas dice “Calculate, calculate, calculate“, esto en el 80% del disco, la forma de empujar el título de las canciones en forma de exclamación es la formula que Johnny Marr más gasta a manera de crear una emoción entrañable en el disco (“Upstarts“). No es un gran escritor, si se trata de un disco de una capacidad sin complicaciones funciona, pero siendo Johnny Marr el aspecto más decepcionante es la falta de invención en la guitarra misma, es casi como si él fuera un joven de la actualidad aspirando a ser la nueva estrella de la guitarra.
The Messenger despierta un interés por el renombre del nombre que aparece en su autoría, de una figura icónica de los últimos tiempos. Tanto como para mí como para todos, debe quedar claro que este no es un mal disco en ningún aspecto, es solo aceptable, agradable, divertido, pero ¿Es eso suficiente teniendo como nombre Johnny Marr?.