RPM: 35 años de London Calling de The Clash

January 8, 2015

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Por Ernesto Acosta Sandoval (@admiralhalsey_)

Come out of the cupboard, boys and girls: 35 años de London Calling de The Clash

Para 1979, The Clash estaba siendo prácticamente ninguneado por todos en Epic Records. El sentir general era que el grupo ya había dado lo que tenía que dar y no podía proponer algo más. Ya habían pasado dos años desde aquel explosivo debut, y lo siguiente, Give ‘Em Enough Rope, no había tenido más que un tibio recibimiento. Todo parecía indicar que lo que la compañía disquera quería hacer con el grupo era quebrarlo: les habían reducido drásticamente el presupuesto, se habían acabado las concesiones (de pensar en enviarlos de viaje a Estados Unidos o a Jamaica para que buscaran inspiración como en 1978, ni hablar), vamos, ya ni siquiera les tenían preparado un productor de renombre para trabajar con ellos. Quizá Epic pensó que, de cualquier modo, el Punk ya iba de salida. Y sí, el fulgor del movimiento fue tal que se extinguió rápido. Sólo los más aptos sobrevivieron para moverle a la fórmula inteligentemente. El propio Mick Jones lo dijo en una entrevista a mediados de ese año: “No somos Punk, ni New Wave, ni nada. Déjenlo en Rock and Roll”. He ahí el fundamento con el cual se encerraron a ensayar en los Vanilla Studios, lo más recóndito de un taller mecánico en Pimlico, en el centro de Londres, durante el verano del ’79. Pareció ser que el sentir en el grupo fue: “Si nadie nos hace caso, nos vamos a desbocar”.

Joe Strummer escribió sus letras más políticas (aun más que las de dos discos antes), Mick Jones escribió la música más accesible que hubiera hecho (a años luz del disco anterior). Pusieron todo eso junto y lo revolvieron. ¿Qué había en ese caldo de cultivo? Rockabilly, Ska, Reggae, Jazz, música Disco, Hard Rock, Pop. ¿Qué resultó de eso? El sonido del Londres al que los políticos más conservadores nunca han querido voltear. El sonido de la inmigración, el desempleo, la brutal violencia policiaca hacia todo lo que les parece externo. Así, platicado, podría sonar a una repetición de la fórmula del álbum debut del grupo, pero no. La diferencia estaba en el tono con el que se acercaron. Mientras el primer disco era absoluta y profundamente desesperanzador, London Calling mostraba un poco de esperanza, de que valía la pena levantarse al llamado y luchar.

London Calling suena al Apocalipsis, al cambio y la renovación total, pero sin perder de vista el objetivo. Strummer, Jones, Simonon y Headon nunca habían sonado tan pulcros y prístinos porque se dieron cuenta que, muchas veces, el medio es el mensaje. Y todo, en gran parte, gracias a la producción de Guy Stevens y sus excéntricas técnicas. Es famosa la anécdota de cuando Strummer estaba grabando el piano para “The Card Cheat”, y Stevens se subió a una escalera y derramó una botella de vino intencionalmente en el interior del instrumento “para lograr una atmósfera más de Rock and Roll”. Esa atmósfera se vivía desde la portada: la tipografía acomodada haciendo referencia al debut de Elvis Presley, mientras Paul Simonon destruía su bajo.

London Calling es un disco de Rock and Roll que se tiene que vivir, es un disco al que se tiene que regresar las veces que sean necesarias para recordar que somos humanos y que merecemos luchar por lo que vale la pena: desde los ideales republicanos españoles (“Spanish Bombs”) hasta por el amor que nos dice que no valemos (“Train In Vain”), pasando por nuestro derecho a bailar (“Revolution Rock”) y morir de pie (“The Guns of Brixton”).

Post escrito por: Ernesto Acosta

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