
2008: Kanye West y cuando el futuro todavía tenía promesa
Por Lecce
El 18 de octubre de 2008 fue uno de esos momentos (que hoy siento) raros en los que Monterrey (y mi vida) todavía se sentía conectado al mundo sin fricción. Antes de que la violencia por el narco se volviera omnipresente, antes de que la crisis económica se instalara en la conversación diaria (yo ni me enteré), antes de que las redes sociales existieran y muchos menos convirtieran a los artistas en caricaturas de sí mismos. En ese “breve espacio” Kanye West legó a Monterrey. (perdón por el chistesito pero veníamos de unos años donde la trova está de moda)
No era un escándalo. No era disruptivo. Era un concierto. Pagar entre $300 y $1,150 por un boleto en 2008 no era poca cosa pero nadie se escandalizaba. Ir a ver a Kanye en la Arena Monterrey era una decisión: simbólica, cultural. Era elegir gastar en una experiencia global. No se sentía como exceso, sino como inversión emocional.
La gira Glow in the Dark Tour llegaba a Monterrey, un día después de presentarse en la Ciudad de México. Hoy suena lógico, pero en ese momento todavía no lo era tanto: Monterrey no era “segunda fecha”, no era otra capital cultural.
Kanye en 2008 no era el personaje que hoy conocemos. Era, sobre todo, una idea de futuro.
Venía de Graduation, de romper con la estética clásica del Hip Hop, de mezclar Rap con electrónica, arte contemporáneo, moda, sci-fi. Su show no se vendía como recital, era una experiencia más. Para muchos asistentes, probablemente fue la primera vez que vieron a un “rapper”.
Y eso importa, sobre todo en Monterrey.

Porque Monterrey siempre ha sido una ciudad extraña en el mapa cultural mexicano: conservadora en lo social, progresista en lo económico, pero muy bien formada musicalmente. Una ciudad que entiende el Rock, el Metal, la Electrónica, y que desde hace décadas consume Hip-Hop por cercanía cultural, por Texas, por MTV, por internet temprano. Kanye no llegó a educar a nadie; llegó a confirmar algo que ya estaba ahí.
El contexto tampoco es menor. Octubre de 2008 coincide con el colapso financiero global. La palabra “crisis” empezaba a circular con fuerza, y yo no la entendía pero todavía no se sentía en el cuerpo. El peso no se había desplomado del todo. La violencia no había colonizado cada conversación. Todavía existía esa sensación —quizá ingenua— de que el mundo era un libro abierto.
Ir a ver a Kanye esa noche no era un acto de rebeldía ni de militancia cultural. Era, sí aspiracional, pero desde el lado contracultural a lo que ya se consumía en México en esos días. No era cultura popular masiva; era cultura pop con ambición.
El setlist lo confirma: canciones nuevas mezcladas con hits, covers inesperados, referencias cruzadas. No se trataba solo de Hip Hop; era una declaración de gusto. “Stronger“, “Flashing Lights“, “Homecoming“. Música pensada para un momento en el que Kanye ya demostraba que el progreso no era lineal.

El after fue más sencillo de lo que hoy imaginaríamos. DJ Craze tocando esa misma noche, sin demasiada ceremonia. No era un evento “exclusivo” en el sentido de distinción de ahora, sino un punto de reunión para quien todavía tenía energía y ganas de seguirla.
Visto desde hoy, el concierto funciona casi como cápsula del tiempo. No solo por Kanye West, sino por lo que representaba la vida para Monterrey, para México y pues para mí.
Después vinieron los años duros. La violencia, la crisis, la polarización, el desgaste del discurso público; eso, como Kanye West, al parecer regresó como Ye. Y también viene otro Kanye: más ruidoso, más errático, más difícil de separar de su personaje.
Por eso la fecha importa lo que pasará a finales de este mes. Porque ese Kanye en Monterrey no fue solo un concierto. Fue el registro de un momento en el que el futuro todavía no se sentía amenazante, sino emocionante. Un momento en el que ver a un artista obsesionado con el mañana no generaba sospecha, sino curiosidad.
Quizá por eso quienes estuvimos ahí no lo recuerdan como “el día que vino Kanye”, sino como una noche en la que todo parecía posible.
Este 30 y 31 de enero se abre otro contexto y otra oportunidad de que el futuro se vea promisorio … o no.

Ye
Plaza de Toros La México
Viernes 30 AGOTADO y sábado 31 de enero
Barrera $10,500 + $2,520 Comisiones
1er Tendido $7,000 + $1,680 Comisiones
Personas con Discap $5,000 + $1,200 Comisiones
2do Tendido $3,500 + $840 Comisiones
Lumbreras $2,700 + $648 Comisiones
Grada General $1,820 + $437 Comisiones


