Ambiente general

Foto Sadi @sadisky

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Vive Latino 2026:
Sábado
Por Antonio Carlos Solórzano @thespectraltiger
Me desperté el domingo con el cuerpo un poco adolorido después de todo lo que caminé, corrí, brinqué y bailé el sábado en el primer día del Vive Latino 2026. Después de tomarme el café mañanero, me puse a pensar en las reflexiones con las que me había quedado tras ver a El Gran Combo de Puerto Rico. Poco después, revisé de nuevo los horarios del festival en mi celular y decidí emprender el camino hacia el Vive Latino 2026 desde temprano.
Llegué un poco después de las dos de la tarde, pues quería escuchar a Reyna Tropical. Una vez en el Estadio GNP, me di cuenta de que hacía muchísimo más calor que el sábado y que parecía haber más gente que en la primera jornada. Por ello, no me tardé en amarrar mi chamarra a la cintura, me acomodé bien mi gorra, me cambié los lentes por unos de sol (algo que casi me hace perderlos, de esto les platicaré más adelante) y me enfilé hacia el Escenario Little Caesar’s.

Cortesía Lulú Urdapilleta (OCESA)
Reyna Tropical
Me perdí varias canciones mientras me desplacé desde la entrada del festival hasta el Escenario Little Caesar’s. Sin embargo, conforme me acercaba a éste, empecé a escuchar ese sonido tan característico de Reyna Tropical, el nombre del proyecto artístico de Fabiola Reyna, una artista originaria de México (y criada en Estados Unidos) que lleva años experimentando con la música tradicional latinoamericana. Este proyecto, que tiene mucho de decolonialidad, afromexicanidad y activismo queer, empezó hace unos cuantos años cuando Fabiola Reyna y Nectali “Sumohair” Díaz decidieron emprender estas experimentaciones sonoras. Pero un accidente de tránsito puso fin prematuramente a la vida de Nectali en 2022. Y Fabiola decidió continuar con el proyecto musical para honrar el legado de su querido amigo y desde entonces ha seguido creando música con Reyna Tropical.
En cuanto llegué al escenario, observé las dos mantas que habían colocado en el fondo como decoración. Ambas tenían la caligrafía clásica mexicana, que puede verse en anuncios callejeros de conciertos o en los puestos de comida. En una de ellas podía leerse “NI UNA MÁS NI UNA MENOS”; y en la otra, “QUEER LOVE AFRO MÉXICO”.
El acto de Reyna Tropical estuvo acompañado de DJ y percusionista y contó con invitadxs en escena mientras cantaba y tocaba la guitarra. El público estaba extasiado ante su propuesta y su desenvoltura en el escenario. Fabiola se entregó al público, interactuando con sus fans y tirándoles flores (literales y figuradas).
Sólo pude escuchar tres de las canciones de su show, pero con eso bastó para empezar bien el día y desear que pronto vuelva a presentarse en la CDMX. Pero, del mismo modo, me llevó a pensar en la escasa representación que, año tras año, hay de propuestas femeninas en el cartel del Vive Latino. Ya la artista mexicana cKovi lo mencionaba en la conferencia de prensa del Vive Latino 2025, y este año yo tenía la esperanza de que le hubiera llegado el memo a lxs organizadores y de que se pusieran las pilas para incluir a más mujeres en el cartel. Me parece que es algo que deben mejorar en futuras ediciones, sobre todo considerando la cantidad de propuestas musicales femeninas valiosísimas que hay a lo largo y ancho de Latinoamérica.

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Rigoberta Bandini

Cortesía Santiago Covarrubias (OCESA)
Dubioza Kolekyiv
En cuanto salí de la presentación de Reyna Tropical, me puse a ver a qué escenario ir a continuación. Caminé unos cuantos metros cuando escuché que de la Carpa Intolerante salía una especie de anuncio que decía algo acerca de ejercicio innovador, tecnología, bienestar y no sé qué tanta mamada. Por un instante pensé que era algún anuncio de una marca. Me acerqué como abeja al polen y escuché lo siguiente: “Es el único método de ejercicio en el que se espera que los practicantes beban mucho” (estoy parafraseando, pero por ahí iba el asunto). Ya con la curiosidad a tope, decidí quedarme.
Entonces, salieron a escena los integrantes de Dubioza Kolektiv, vestidos de negro y amarillo. Y al poco tiempo empezaron con uno de los shows más divertidos y energéticos que viví durante el fin de semana. Con todo un sonido clavado en el Ska, el Hip Hop, el Reggae, el Dub y el Electro, Dubioza le hizo honor al anuncio apócrifo del principio del show y nos activó a todxs lxs allí presentes.
La mayoría de la gente que estaba en la Carpa Intolerante se puso a bailar. Estaban los que se metieron al slam, con máscaras de lucha libre, de caballo o pijamas de dragón (como el morro que estaba en los hombros de su papá). Así se formó un slam energético, pero en buena onda. Uno en el que estaban calando los límites de empujarse y de proxemia, pero también toparon que entre el público había morros, madres y padres de familia, y gente que estaba reviviendo los tiempos en los que le entraba al slam rudo, pero ahora le estaban pasando la batuta a la siguiente generación. Y así se armó el slam familiar de domingo por la tarde. Que contrastó con la ojetada de cierta banda cuando el vocalista de la agrupación llamó a que las mujeres fueran al centro del público para formar un slam sólo de mujeres. Un slam que pudo haber sido perfecto, por lo chingón y divertido que se veía desde afuera. Pero que tuvo sus momentos jodidos, no por las morras, sino por vatos que estaban alrededor del círculo. No faltaron los pasados de lanza que les dijeron chingaderas a las mujeres mientras se acercaban al centro. Y poco después, ya en pleno slam, no faltaron quienes les lanzaron cerveza mientras ellas estaban en su pedo bailando, cuando en ningún otro momento tiraron cerveza durante ese show. Pero bueno, ¿no que el machismo y las conductas culeras estaban sólo en otro género que ni siquiera consideran música?
Pero bueno, aparte de las conductas problemáticas de una parte del público del escenario, lo cierto es que fue una presentación muy festiva. Una en la que me dediqué a bailar durante buena parte del show y disfruté un chingo. ¿Se acuerdan de que al principio de este texto les platiqué sobre mis lentes que casi perdí? Pues en algún momento de este show, mientras bailaba y recordaba mis tiempos de bailar Ska y entrarle al slam, mis lentes con graduación salieron volando de donde los tenía puestos en mi gorra. Y yo, ni en cuenta. Gracias al compa que estaba detrás de mí por haberlos recogido. Acto seguido, me tocó el hombro para avisarme de que se me habían caído y me los entregó en la mano. De lo contrario, habría estado el resto del día (y probablemente la semana) sin poder ver bien. Así que si por azar de la vida lees esto, gracias de nuevo.
Dubioza Kolektiv, con su estética de los Balcanes y llamándonos a hermanarnos en la música y el baile, me hizo pensar en un festival menos regido por los afeites y los deseos de posicionamiento de las marcas. Durante un rato en la tarde del domingo sentí un Vive Latino 2026 menos corporativo, más horizontal y menos cínico en el afán de que compráramos algo.

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Hermanos Gutiérrez

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Música Pa’ Mandar a Volar Vol. 2

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Rusowsky

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Fobia

Cortesía Victor Fuentes (OCESA)
Illya Kuryaki & The Valderramas
Corría el año 1997 y recién había regresado a vivir a México. Mis tardes y noches me las pasaba escuchando música en cassettes y CDs, así como viendo videos musicales en MTV. Uno de mis programas favoritos de la cadena se emitía por las noches. Se llamaba Mondo Fonk y Leandro, uno de sus VJs, presentaba temas de Hip Hop, Funk, R&B y otros géneros afrodescendientes. Algo que en México no era tan común como hoy, con las redes sociales a la palma de la mano. Una noche vi en el programa un video que se me quedó grabado en la memoria para siempre. Se trataba de “Expedición al Klama Hama” de Illya Kuryaki and The Valderramas. Desde ese momento empezó mi amor por una de mis bandas favoritas en español. Escuchar las cuerdas con las que empieza la canción, ver la locación del video, la ropa que llevaban Dante y Emmanuel y las letras de la canción dejaron una impresión indeleble en mi yo de 12 años.
Así que cuando supe que me tocaría cubrir el festival, me puse muy contento al saber que por fin vería a IKV en vivo. Algo que nunca había podido hacer, salvo por las múltiples ocasiones en que he visto sus conciertos en línea. Y es que sabemos que esta reunión de Illya Kuryaki es por tiempo limitadísimo (a menos que les dé por sacar un disco nuevo). Sobre todo cuando sabemos que tanto Dante Spinetta como Emmanuel Horvilleur han seguido cada cual por su lado haciendo música y otros proyectos, sin necesidad de vivir de la nostalgia que muchxs experimentamos por su ausencia de los escenarios.
A las 19:50 horas empecé a caminar hacia el Escenario Amazon. En el trayecto encontré un puesto donde vi que tenían discos. No vi nada con detenimiento porque tenía el tiempo contado para asegurar un buen lugar para ver a los argentinos. Les pregunté a la gente del stand: “¿Tienen algo de Illya Kuryaki?”. Me contestaron que sí y me enseñaron dos discos de la banda: Aplaudan en la Luna y La Humanidad o Nosotros. Después me enseñaron El Apagón de Dante Spinetta, su segundo álbum solista. Negociamos un par de minutos sobre el precio si me llevaba los tres CDs y, después de llegar a un precio justo para ambas partes, conseguí una de las pulseras para cargar el precio convenido, y eso fue lo único en lo que gasté dinero durante el festival. A continuación me encaminé a toda prisa al Amazon.
Poco tiempo después, vi cómo el escenario se tiñó de rojo mientras empezaron a sonar las mismas cuerdas que escuché por primera vez en 1997, y a los pocos segundos salieron Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur, en compañía de la banda, para interpretar “Expedición al Klama Hama”. A lo largo de toda su presentación, me dediqué a bailar y a corear sus canciones. Con su performance nos recordaron por qué son una de las mejores agrupaciones en español. Éxito tras éxito, con sus inconfundibles pasos de baile, mientras tocaban sus respectivas guitarras e interactuaban con el público, nos transmitieron ese flow y desenfado que los han caracterizado a lo largo de los años. Y también hubo momentos entrañables, como cuando Dante recordó a su padre, el gran Luis Spinetta, e interpretó “Águila Amarilla”, la canción que le compuso tras su fallecimiento en 2012.
Dante y Emmanuel fueron pioneros que fusionaron en español Hip Hop, Rock, Funk, R&B y otros géneros que han marcado a varias generaciones en Argentina y el resto de Latinoamérica. Por ello me acordé de que cuando empezamos a escuchar a Ca7riel y Paco Amoroso hace unos cuantos años y los comparamos con IKV, no fue para desestimarlos, sino para elogiarlos.

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Allison

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Tom Morello
Si usted ha llegado hasta este punto, le pido paciencia. La música no es sólo disfrute, alegría y diversión. Esto no es un anuncio para venderles algo que no necesitan. Porque, a final de cuentas, la música nos recuerda la vida que tuvimos, la que tenemos y, en ocasiones, la que nunca tendremos. Y como parte de esa experiencia estética, viene una serie de reflexiones que no siempre podemos controlar y que no tenemos por qué hacerlo.
Decidí que el último acto de la noche que escucharía sería Tom Morello a las 21:50 horas. De nueva cuenta, como el día anterior, porque quería alcanzar el metro y evitar los precios exorbitantes del regreso a casa. Una vez en el escenario, vi mi reloj y me percaté de que su show empezó puntual. Tras varias canciones con las que brinqué, bailé y headbangeé, me di cuenta de que tengo su música taladrada en el cerebro. Así, sus inconfundibles solos de guitarra, por ejemplo, me remiten a otros tiempos y espacios. Porque, de una u otra manera, me han acompañado en etapas muy distintas de mi vida.
Entonces me di cuenta de que su música, en ocasiones, me ha llevado a cuestionar nuestro mundo de forma visceral. Tanto con las canciones que interpretó esa noche de The Nightwatchman, como con los medleys en los que repasó sus etapas de Rage Against The Machine y Audioslave; su tributo a Chris Cornell cuando interpretó “Like a Stone”; o como cuando covereó varias canciones clásicas del Rock. O bien, cuando nos convenció de que se había aprendido una canción tradicional mexicana sobre tierras robadas para que la cantáramos junto con él y, acto seguido, nos puso a entonar “Killing in the Name”.
Y en medio de todo este deleite me puse a pensar no sólo en las grandes injusticias que se viven y a las que el propio Morello se refirió directamente entre canciones: las deportaciones de ICE en Estados Unidos; las cosas terribles que ha cometido Donald Trump (a quien le mentó la madre en múltiples ocasiones); Palestina (con gusto vi varias banderas palestinas ondeando entre el público); los 43 estudiantes de Ayotzinapa y más. Me pareció que su discurso fue más mesurado que el que maneja en redes sociales y ahí pensé en los márgenes de acción que pueden tener lxs artistas dentro de una industria regida por los intereses del capital (¿y qué industria no lo está?). Pero después me fui en una reflexión a propósito de las grandes inequidades que experimentamos en el sistema económico en el que vivimos, que busca lucrarse de diversas maneras, como los precios elevados de boletos y productos dentro del festival, que no siempre van a los bolsillos de lxs artistas o de la gente que produce lo que se consume, sino a los conglomerados y a los dueños de los medios de producción. Me puse a pensar en cómo la precarización y la explotación operan en tantos niveles. Unos muy explícitos y descarados, y otros más sutiles y menos aparentes, pero no por ello menos violentos, estructuralmente hablando.
En algún momento del concierto, no pude dejar de pensar en Berenice, la colega fotoperiodista fallecida hace casi un año, quien la semana anterior obtuvo póstumamente su título de Licenciatura en Comunicación y Periodismo. Hoy, mientras escribo estas líneas, recuerdo que el proceso penal aún no se ha iniciado para dar con los responsables de su muerte y la de Miguel en el Festival Axe Ceremonia.
Entonces me llegaron muchos más cuestionamientos. ¿Cómo resistimos en el mundo en el que vivimos que tiende a mercantilizar todo? ¿Cómo podemos resistir en una industria que no cuida a la gente que la conforma? ¿Qué tanta agencia podemos tener en festivales con fines de lucro que no siempre priorizan nuestro bienestar? ¿Es el escapismo que supone un festival musical suficiente para recordarnos el goce y el disfrute en esta vida aciaga? ¿Vale la pena endeudarse con tal de experimentar algo que debería tener precios asequibles? Todas esas preguntas y más me rondaban la cabeza mientras disfrutaba de ver en vivo a uno de esos músicos que he seguido durante años en sus distintas facetas. Y sí, estuve de acuerdo con lo que dijo: hacer arte es resistir. También estuve de acuerdo en que al día siguiente seguiríamos con nuestros respectivos trabajos y jales, pero esa noche nos tocaba perdernos en el disfrute de la música.
Y aunque habrá quienes piensen y argumenten que actos como el de Tom Morello son pura estética y, en realidad, no cambian nuestra realidad circundante. Yo mismo me he cuestionado los alcances de nuestro activismo ante la inclemencia de sistemas estructuralmente opresores que imposibilitan el cambio sustancial bajo sus propias reglas. Pero también creo que música y figuras como las de él tienen un peso no sólo literal, sino también simbólico, que pueden llevarnos a repensar nuestro accionar en el sistema que históricamente nos ha tocado vivir e imaginarnos alternativas más allá de lo que conocemos.

Cortesía José Jorge Carreón (OCESA)

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The Smashing Pumpkins

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Rich Mafia
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Steve Aoki
Para concluir esta reseña quizás convendría cerrar con una reflexión superficial y deshonesta sobre cómo el Vive Latino 2026 fue una experiencia inolvidable y cómo la pasión por la música puede ser un motor en nuestras vidas. Sin embargo, así como gravito hacia artistas que me parecen honestxs (que no perfectxs ni libres de contradicciones), también creo que vale la pena hacer un ejercicio de honestidad a través de mi escritura. La verdad es que al final del concierto de Tom Morello, me embargaron sentimientos encontrados. Por una parte, el disfrute genuino de haber tenido la oportunidad, a través de mi labor periodística, de verlo y escucharlo en vivo, y todo lo que ello implicó (corroborando cuestionamientos y críticas que albergo respecto del mundo en el que vivimos y de la industria musical, así como planteándome nuevas preguntas a las que no tengo respuesta). Pero también me quedé con un dejo de tristeza, porque pensé que en el sistema transaccional en el que vivimos, en el que se lucra a través de la economía de la nostalgia, a una inmensa mayoría no nos alcanza el presupuesto para recordar y revivir aquella música y las experiencias que definieron nuestra infancia, adolescencia y temprana adultez.
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