RPM: 50 años de Songs Of Leonard Cohen

December 14, 2017

You, who’ve been travelling so long:
50 años de Songs Of Leonard Cohen

Por Ernesto Acosta Sandoval @erniesandoval_

A sus 33 años, Leonard Cohen ya había vivido más vidas de las que hubiera querido. Muchas más vidas de las que la mayoría de la gente se imagina posibles. Había publicado cinco libros, tres de poesía y dos novelas. En estos libros canalizaba la influencia de Whitman, García Lorca y Henry Miller y se mostraba como el dueño de una voz muy particular dentro del panorama de la literatura canadiense de la época, aunque nunca obtuvo el éxito económico que esperaba. Por lo mismo, se había ido a vivir a Hidra, la isla griega en la que compartiría una pequeña casa con Marianne Ihlen y el hijo de esta. Poco después, regresó a América en donde se convirtió en uno de los regulares en el círculo de Andy Warhol en la Factory, se volvió fan de Nico y comenzó a considerar la música como una carrera en la que podía conjuntar sus inquietudes literarias con su gusto por la guitarra española. Se presentó en un par de festivales de Folk y John Hammond lo escuchó y el resto es historia. Hammond, por cierto, había sido el responsable, unos años antes, de haberle abierto las puertas del mundo a un jovencito inquieto de pelo enmarañado de nombre Robert Zimmerman, también conocido como Bob Dylan. Hammond, dicen, llevaba tiempo buscando a alguien con quien replicar el éxito de Dylan, y probablemente vio en Cohen a un sucesor, de menos, interesante. Casi de inmediato, la diferencia fue notoria y abismal. Mientras Dylan tenía lo que se podría llamar “sabiduría callejera”, Cohen llegaba a profundidades y preocupaciones que el de Minnesota tardaría más en alcanzar. El encanto de Dylan consistía en sonar poco educado en lo musical, espontáneo, como alguien que se saca de la manga un truco para salir del paso y, encima, salir bien librado. Leonard Cohen venía de un entrenamiento que sólo años de pulir el oficio pueden dar. No que uno sea mejor que otro, sólo eran diferentes.

Songs Of Leonard Cohen, el resultado de la infatuación de Hammond con el recién convertido en cantante, fue un fracaso inevitable en lo económico. Se convirtió en un objeto de culto que, al momento de su lanzamiento, sólo unos cuantos avispados alcanzaron a entender. Las letras eran intrincadas y hablaban de pérdida, de melancolía, de despedidas, de frustraciones, de lujuria, de furia, de muerte. Al agregarle la delicada manera de Cohen de tocar la guitarra, el resultado era ominoso, por ponerlo amable. La de Cohen era una voz aprehensiva y cavernosa que cantaba sobre la imposibilidad de despedirse de la mujer amada (“So Long, Marianne”), sobre enamorarse de una imagen más que de un ser físico (“Suzanne”), sobre madurar y darse cuenta que uno está por completo solo en el mundo (“Sisters Of Mercy”). ¿Cómo iba a volverse un éxito algo así en medio de la explosión de colores, buena ondez y declaraciones de amor libre en la que la cultura occidental estaba sumergida?

Y sin embargo, Songs Of Leonard Cohen estableció a su autor y le entregó lo que tanto buscaba: una manera de, por fin, ganarse la vida haciendo lo que le gustaba. Eso y que, poco a poco, el mundo se le fue cuadrando. El propio Dylan le llegó a decir: “Yo soy el número cero, pero tú eres el número uno”. Songs Of Leonard Cohen es, pues, uno de los debuts más absolutos en la historia de la música Pop: fue la declaratoria de principios de su autor en la que deja muy en claro que no va a ceder un ápice. Y nunca lo hizo.

Post Mortem /// Leonard Cohen duerme bajo la colina dorada

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Post escrito por: Ernesto Acosta

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