Kupa


Deadbeat



Lvis Mejía



Por Luis Arce (@lsfarce) /// Fotos: BigIdeas (OzCorp)
El repertorio de luces, sonidos, oscuridades, reflejos, pasos casi en automático, deseos irreparables por conservar la experiencia como si se tratase de un mantra ritualistíco. Lo único realmente seguro de todo esto, es que aún tenemos muchas cosas por aprender. Hay que ansiar el descubrimiento como ansiamos el advenimiento de algo diferente, un movimiento que desequilibre, un sonido inesperado, una proyección voluminosa y pesada como bloques de concreto.
Dentro de todo esto, también existe una visibilidad muy ornamental. El Auditorio BlackBerry, dentro de toda su generosa inclemencia, tiene también un espectacular problema: el sonido golpea con demasiada aberración; y el público toma ese sonido con demasiada ligereza. En casi todos existe cierto dejo de desatención.
En cualquier caso, Lvis Mejía ha creado un universo que se desenvuelve bastante aparte de lo que sea que la logística de este lugar haya programado. Desde el arte multimedia y la progresión acústica de la música contemporánea, el mexicano explora, cierta multiplicidad de formas, que si bien, toma en muchos sentidos la idea de un color concreto; con un poco de apreciación descubriremos que Mejía es capaz de generar un espacio de convivencia donde cada concretismo se comporta como si fuese parte de algo mucho más grande.
Con Deadbeat acudimos a un sentido diferente de la concreción. Lo que el artista canadiense trata de probar es que las estructuras pesadas, los muros de sonido y las voluminosas armonías, pueden combinarse de tal forma que sea imposible escapar al peso de todo el conjunto. Entonces, sucede que todas nuestras opciones para apreciarlo se enrarecen. Pues lo realmente valioso de una presentación como esta, es que Deadbeat exige del escucha paciencia, compromiso, y sobre todo, cierta maduración para sostener todo este peso en tan sólo dos tímpanos. Los visuales incluyen diversas cualidades, tan concretas y eficaces como la música misma. Estamos ante la formación de un ambiente construido con los dejos de una pintura que madura hasta convertirse plenamente en luz.
Cristian Cardenas, podría resumirse entre los factores del dub y la influencia directa del 8-bit. Con el proyecto presentado anoche en el Auditorio BlackBerry, que lleva por nombre Babylon Cluster; pieza que connota la acumulación semántica de internet, como una especie de Torre de Babel que está por derrumbarse. La pieza, sostenible únicamente por la experiencia lisérgica que representa retoma el inventario del bass y el 8-bit para crear una estética, que crítica y ontológica, evoluciona hasta un claro desemboque: el artista pretende derrumbar la torre sobre nosotros, y lo consigue con sumo acierto. La forma en cómo los mecánicos sonidos del 8-bit evolucionan bajo su tutela, sólo prueba una cosa: los coloquios de una manifestación tan certera, sólo aspiran a producir nuevas aproximaciones hacia los estilos musicales con los cuales el artista está trabajando; a este sentido se le llama trascendencia.




Confundieron a Lvis Mejía y Kupa. Está invertida la info.
Me refiero a las fotos.