RPM: 25 años de In Utero de Nirvana

September 20, 2018

Teenage angst has paid off well:
25 años de In Utero de Nirvana

Por Ernesto Acosta Sandoval @erniesandoval_

Kurt Cobain sólo quería grabar un álbum del que se sintiera orgulloso. A sus oídos, Nevermind, dos años antes, lo había decepcionado. Decía que la producción y la mezcla parecían de un disco de Mötley Crüe. Lo que él quería era que Nirvana sonara lo más parecido posible a Pixies, a Hüsker Dü, a Dinosaur Jr., que los oídos de la gente que escuchara a Nirvana se reventaran por la crudeza de las guitarras y el aporreo de los tambores. Parte de esto también tenía que ver con una actitud por completo Punk de despreciar la fama que le había caído de golpe en su regazo. Quería que el siguiente disco de Nirvana alejara a todos los fans de ocasión y que sólo los verdaderos seguidores fueran los que se quedaran. En dos años, Nirvana se había convertido en un monstruo imposible de manejar, que en el proceso había puesto en el mapa a toda una camada de músicos que de otra manera no hubieran logrado tener exposición mediática. El sonido Nirvana se había convertido en una marca registrada casi corporativa. Por no hablar del look y la actitud. Pero sólo podía haber un Nirvana y la verdadera banda no era agradable ni presentable. Cobain, Novoselic y Grohl lo iban a demostrar con su tercer álbum de estudio a finales de 1993.

Steve Albini encerró al grupo durante dos semanas en su estudio de Minnesota y los despojó de casi cualquier truco. A su vez, el trío entregó letras descarnadas sobre malestares estomacales y óseos, ataúdes en forma de corazón, decepción con la edad adulta, estrellas de cine muertas, abuso de sustancias, y reflexiones íntimas sobre la fama. Todo envuelto en distorsión, ritmos frenéticos, ruido de amplificadores, gritos guturales y, paradójicamente, ternura perturbadora. In Utero resultó, sin temor a exagerar, la obra maestra de Nirvana. Este es el álbum que muestra a la banda tal cual siempre habían sido desde sus inicios tocando en la sala de la casa de la tía de Cobain a finales de los ochenta. Sin adornos, sin reflectores, sin compromisos y sin temores de abrirse ante el público masivo que los adoraba. Incluso en sus momentos más tranquilos (“Dumb”, “Pennyroyal Tea”, o “All Apologies”), In Utero mantiene una desesperación terrorífica por comunicar las angustias de Cobain.

In Utero terminaría siendo el testamento sonoro de Nirvana. Si su perpetrador principal lo tenía claro o no, es tema para otra discusión y resulta irrelevante. Lo que Nirvana logró con su tercer álbum fue soltar un grito que no todas las bandas se atreven a hacer. Una declaración de principios que, si bien llegó un poco tarde en su carrera, sirvió como un cuento cautelar para otras bandas y artistas que quisieran seguir sus pasos. A 25 años, el grito sigue resonando.

Post escrito por: Ernesto Acosta

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