Reseña: Michael Kiwanuka /// Kiwanuka

November 7, 2019

michael kiwanuka

Michael Kiwanuka
Kiwanuka
Interscope
8.8

Empujando el listón hasta el cielo

Por Andrés Quiroz

Los dos primeros álbumes de Michael Kiwanuka lo encuadraron como un artista Soul-Folk sinfónico al estilo Bill Withers y Terry Callier, poniendo el listón muy alto para este su tercer LP. Pero Kiwanuka no hizo otra cosa más que empujarlo hacia el cielo. Junto con el productor de las estrellas Danger Mouse, y el productor londinense de Hip-Hop Inflo, el británico-ugandés de 32 años ha ampliado su territorio para extenderse desde el alma melancólica de Donny Hathaway hasta el Rock Gópel de los Rolling Stones, pasando por el Soul psicodélico y el Breakbeat. Hay cuerdas, arpas, samples de activistas de derechos civiles, guitarras llenas de fuzz al estilo Hendrix y orquestaciones llenas de clase y elegancia que nos recuerdan al gran Burt Bacharach. El disco por momentos parece ser una fusión asombrosa entre What’s Going On de Marvin Gaye y Screamadelica de Primal Scream.



Kiwanuka nos regala un ciclo de canciones contemplativo, destinado a ser escuchado en una sesión prolongada, que según sus propias palabras: “Son una reacción contra este mundo acelerado, desechable y dirigido por máquinas”. “You Ain’t the Problem” es un golpe duro y alentador a uno mismo, un fuerte derribo de actitudes hacia la inmigración: “Si no perteneces, no eres el problema”. “Hero” compara el asesinato del activista Fred Hampton en los años 60s, con los recientes tiroteos de la policía estadounidense (“En las noticias de nuevo, supongo que mataron a otro”), cosa que Kiwanuka también reflexiona en “Rolling” (“Sin lágrimas para los jóvenes, una bala si te equivocas”). “Piano Joint (This Kind of Love)” y “Hard To Say Goodbye” son maravillosamente pensativas, mientras que “Final Days” reflexiona sobre el apocalipsis nuclear que cada vez parece estar más cerca. Pero a pesar de toda esta melancolía, Kiwanuka nunca es pesimista. Hay momentos en que la positividad irrumpe con un efecto tan deslumbrante y abrumador, como en “I’ll Been Dazed” y “Light”, las cuales son acompañadas por el coro evangélico “El tiempo es el Sanador”.

Kiwanuka suena intemporal y contemporáneo; los interludios instrumentales y los cambios estilísticos y de tempo se unen gracias a la voz cálida y sincera de Michael, así como a su composición fantástica. Mientras que en el centro se encuentra la batalla interna de Kiwanuka entre la ansiedad, la duda, la espiritualidad y la sabiduría, que luego se enfrenta al racismo y las miradas arrepentidas sobre el estado del mundo. Un álbum audaz, expansivo, sincero y sublime; un disco que estará como uno de los mejores del año y hará que Michael Kiwanuka siga estando entre los favoritos del público.

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