Reseña: Nick Cave & The Bad Seeds /// Ghosteen

October 7, 2019

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Nick Cave & The Bad Seeds
Ghosteen
Bad Seed Ltd.
9.8

Por Ernesto Acosta Sandoval @erniesandoval_

Algo que es sabido es que Nick Cave no tiene dos discos iguales. Incluso cuando ha pasado por etapas en las que puede haber un hilo conductor entre algunos de sus álbumes, siempre hay diferencias que hacen de cada obra algo único. Cuando estaba en su etapa Post Punk/Psychobilly de finales de los ochenta y lanzó Tender Prey, The Good Son y Henry’s Dream, cada uno de esos discos tenía una característica que lo hacía distinto a los otros, a pesar del eje temático que los unía. Todos lidiaban con personajes siniestros, asesinos seriales, e historias escabrosas de muerte y redención. Pero uno era más Gótico, el otro más Gospel, y el tercero era más narrativo. Y así con cada etapa de su vasta discografía.



Hace seis años, con Push The Sky Away, Cave parecía haber hecho de lado las guitarras de sus álbumes previos (sin contar The Boatman’s Call) y parecía estar abrazando un sonido más expansivo y épico. Luego, en 2016, vino Skeleton Tree, en el que continuó con el uso de sintetizadores y ambientes opresivos, además de los temas líricos de pérdida y dolor que ya figuraban en el álbum previo. Resulta que ambos álbumes eran parte de una trilogía, de un ciclo que se cierra este año con Ghosteen. Tiene todo el sentido, y queda perfectamente claro en el momento en el que el nuevo álbum de Nick Cave & The Bad Seeds comienza con “Spinning Song”. En efecto, para esta etapa de la banda, las guitarras ni siquiera figuran, no hay baterías estruendosas, ni bajos profundos. Este es un Nick Cave contador de historias (que siempre lo ha sido) en la cumbre de sus habilidades como tal. Erróneamente se ha dicho que Skeleton Tree es la expiación del dolor de Cave por la tragedia en la que se vio inmerso durante aquella época, pero la verdad es que en ese álbum poco se menciona al respecto. Sin embargo, Ghosteen sí se siente más cercano a la tragedia. Cave se escucha apesadumbrado, sombrío, pero esperanzado por momentos casi imperceptibles, como no sucedía en los dos álbumes anteriores, con todo y la unión entre las tres obras.

Aquí hay un balance entre la oscuridad y la luz que Cave parecía estar buscando en los dos esfuerzos previos. El cantante, además, está en un momento creativo generoso: Ghosteen es un álbum doble (su primero desde Abattoir Blues/The Lyre Of Orpheus) de canciones de largo aliento, que se sienten, al mismo tiempo, como pinturas románticas y como poemas descriptivos en la mejor tradición de Shelley, de Byron, o de Wordsworth, en especial en las tres canciones que conforman la segunda sección del álbum: “Ghosteen”, “Fireflies” y “Hollywood” .

Ghosteen es la prueba de que Cave, a sus sesenta años, sigue disfrutando de su oficio, y aun es un creador cuidadoso y perfeccionista, un artista honesto consigo mismo, que, por lo tanto, es honesto con su audiencia. Ghosteen es, sin duda, el eslabón fuerte en esta trilogía porque, si bien continúa el camino, también se desmarca para sublimarse y rebelarse como una obra independiente con la suficiente potencia para estar a la altura de cualquiera de los álbumes previos de su creador.

Post escrito por: Ernesto Acosta

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