AC/DC: Power Up Tour @ Estadio GNP

April 8, 2026

ac/dc power up tour mexico city

Foto Eduardo Vargas Hernandez @lalostereo

ac/dc power up tour mexico city

Foto Eduardo Vargas Hernandez @lalostereo

ac/dc power up tour mexico city

Foto Eduardo Vargas Hernandez @lalostereo

ac/dc power up tour mexico city

Foto Eduardo Vargas Hernandez @lalostereo

ac/dc power up tour mexico city

Foto Eduardo Vargas Hernandez @lalostereo

ac/dc power up tour mexico city

Foto Eduardo Vargas Hernandez @lalostereo

AC/DC: Power Up Tour @ Estadio GNP
El ocaso incendiario de una de las bandas más grandes que han existido

Por Ricardo Hernández Salinas @kh40ss

AC/DC en Ciudad de México no fue solo un concierto, fue una línea directa con el pasado que sigue ardiendo en el presente. Hablar de los australianos es remontarnos a generaciones que nos preceden; en mi caso, fue mi hermano mayor quien me los presentó en una época analógica, cuando la música llegaba en forma de objetos y no de algoritmos. Recuerdo perfectamente a uno de sus amigos llegando con un video de AC/DC en la Plaza de Toros de Las Ventas, mostrándome a ese “guitarrista poseído con traje escolar” que se convertiría en un mito para mí como para millones. Hoy, casi 30 años después, ese mito sigue vivo, intacto, como si el tiempo no tuviera jurisdicción sobre ellos.



Esta primera de tres fechas en el Estadio GNP fue también la primera en agotarse, y eso se tradujo en un mar de gente que, sin importar la lluvia, el tráfico o cualquier otra resistencia cotidiana, llegó puntual a la cita. La noche comenzó con The Pretty Reckless, un acto abridor sólido que logró algo poco común: mantener al público presente, atento, disfrutando, sin esa ansiedad colectiva por apresurar la llegada del acto principal. Eso, en sí mismo, ya es un logro.

Pero cuando AC/DC tomó el escenario, cualquier duda sobre el paso del tiempo quedó completamente anulada. Si hay una palabra que define este concierto es intensidad. Desde el primer minuto hasta las más de dos horas de duración, la banda sostuvo una descarga constante, sin tregua, sin concesiones. La alineación —Angus Young, Brian Johnson, Stevie Young, Matt Laug y Chris Chaney— funciona como una estructura de acero, una base firme sobre la que se construye este ritual eléctrico. Porque sí, Angus y Brian son el foco, pero sin esa maquinaria detrás, este nivel de potencia sería imposible.

ac/dc power up tour mexico city

Foto Eduardo Vargas Hernandez @lalostereo

Brian Johnson, lejos de intentar replicar lo que fue, se presenta desde lo que es: una voz que ha sido atravesada por el tiempo, pero que responde con carácter, con fuerza, con entrega total. Cada frase, cada grito, está sostenido por la convicción de alguien que no está reviviendo el pasado, sino habitándolo nuevamente.

ac/dc power up tour mexico city

Foto Eduardo Vargas Hernandez @lalostereo

Y entonces surge la pregunta inevitable: ¿de dónde viene la energía de Angus Young? ¿Qué fuerza sostiene a alguien de 71 años para moverse así sobre un escenario? La respuesta no está solo en él, sino en el ruido que regresa desde abajo, en el clamor del público que convierte cada riff en una gasolina distinta. Eso se sintió con fuerza en “Whole Lotta Rosie”, cuando la multitud respondió como si cada nombre coreado fuera una cuerda más tensada en ese motor invisible que hace que AC/DC no se detenga nunca. AC/DC no toca para la gente, toca con la gente, y en ese intercambio está el verdadero pulso de la banda. Hay algo profundamente físico en verlos: algo que no tiene que ver únicamente con el volumen, sino con la manera en que el cuerpo del público se vuelve parte del mecanismo.

La noche fue un desfile de himnos que no necesitan presentación: “Back in Black”, “Thunderstruck”, “Hells Bells”, la aplastante “Highway to Hell” y uno de nuestros momentos favoritos, “You Shook Me All Night Long”, donde el estadio entero se convirtió en un coro sostenido entre miles de cuernos de diablo encendidos. Ese fue el punto donde entendimos que esto no es nostalgia, es permanencia.

El cierre fue simplemente demoledor. “T.N.T.” apareció como una última detonación colectiva, un himno que no se canta, se grita, se lanza al aire con el cuerpo entero. Cada “Oi! Oi! Oi!” era una descarga sincronizada entre banda y público, una especie de ritual primitivo donde miles de personas se convertían en un solo pulso. Angus recorriendo el escenario como si no existiera el desgaste, Brian sosteniendo cada frase con una intensidad que no cede, y el estadio completamente entregado, sin reservas.

Y entonces llegó “For Those About to Rock (We Salute You)”. No como cierre, sino como sentencia. Los primeros acordes se sintieron como la apertura de algo más grande que el propio concierto, y cuando los cañones comenzaron a sonar, no fueron solo efectos: fueron golpes físicos, vibraciones que atravesaban el cuerpo, que sacudían el aire y reafirmaban que esto no era espectáculo, era un acto colectivo de poder. Cada disparo marcaba el tiempo, cada explosión sellaba el momento. La banda saludando, el público respondiendo, y en medio de todo, esa sensación de estar presenciando algo que no se repite.

No fue un final, fue un acto de permanencia. Una despedida que no suena a adiós, sino a legado.

Así vivimos el ocaso incendiario de una de las bandas más grandes que han existido. Un ocaso que no se apaga, que no se desvanece, que arde. Quedan dos fechas más en México, y desde MHR solo podemos decir una cosa: no se lo pierdan. Porque esto no es un concierto más, es historia pura.

AC/DC @ Foro Sol (2009)

Post escrito por: Ricardo Hernandez Salinas

Post Relacionados