Crítica: Ecos de Soda Stereo @ Palacio de los Deportes

April 15, 2026

soda stereo ecos mexico

Cortesía Liliana Estrada (OCESA)

Ecos de Soda Stereo:
La sombra luminosa de una banda que marcó para siempre el rock en español

Por Ricardo Hernández Salinas @kh40ss

Ecos es un nombre que entiende perfectamente lo que este show intenta ser: la reverberación de una de las bandas más grandes que ha existido en el rock en español, la persistencia de una voz que ya no está físicamente, pero que sigue habitando el imaginario colectivo con una claridad casi dolorosa. Zeta Bosio y Charly Alberti han levantado aquí un homenaje que no pretende sustituir nada, sino convocar una presencia reconstruida de manera digital para volver a poner a Gustavo Cerati en el centro de la conversación, como si su figura regresara desde la memoria para proyectarse de nuevo sobre el escenario. Y justo por eso el nombre no pudo ser más exacto: esto no es el origen, sino el eco; no es el cuerpo, sino su resonancia; no es la banda completa, sino la sombra que todavía ilumina.



Teníamos dudas, muchas dudas, sobre un formato así. Después de la partida de Gustavo Adrián Cerati en 2014, todo intento alrededor de su obra ha cargado inevitablemente con el peso de la ausencia, y no siempre con buenos resultados. Hubo colaboraciones que se sintieron ajenas a su legado y también ejercicios como Séptimo Día, que aunque ambiciosos, no terminaron de encontrar del todo la conexión emocional con un público que ya conoce demasiado bien la dimensión de lo que perdió. Por eso este concierto llegaba con una pregunta inevitable: ¿cómo se hace para volver a invocar a Cerati sin caer en el simulacro vacío? La respuesta no está solo en la tecnología, sino en la fe del público, porque Ecos es más que un concierto: es un acto de creencia compartida, una fantasía cuidadosamente montada en la que todos aceptamos participar para volver a ver, aunque sea por un instante, aquello que parecía definitivamente ausente.

Lo más anticlimático de la noche fue la espera. Casi dos horas y media de retraso que tensaron el ambiente y encendieron el ánimo de un público que ya venía cargado de nostalgia, expectativa y cansancio. La situación terminó escalando con una pelea entre algunos asistentes y el personal de seguridad, un episodio incómodo que marcó el arranque de la noche de forma innecesaria. Aquellas personas que reclamaron con razón acabaron convirtiéndose, de manera casi involuntaria, en los mártires de la velada, porque su enojo también hablaba de una verdad básica: cuando uno asiste a un evento así no va solo a ver un show, va a sostener una emoción largamente aplazada. Que no se haya dado una explicación clara solo dejó más ruido alrededor de algo que debió empezar con otra energía.

soda stereo ecos mexico

Cortesía Liliana Estrada (OCESA)

Y sin embargo, una vez que el concierto arrancó, todo cambió. Ecos se convirtió en un espejismo controlado por una precisión técnica notable: luces que dialogaban con la digitalización de Cerati, una presencia luminosa al fondo que nunca terminaba de opacar al personaje, estructuras visuales suspendidas en líneas y cubos que convertían el recinto en un espacio entre lo real y lo reconstruido. Hay aciertos espectaculares en la producción, y eso se siente sobre todo en la manera en que el dispositivo escénico ayuda a sostener la ilusión. El público mexicano, como siempre, respondió con una entrega absoluta, pasional, casi devocional. El enojo inicial fue quedando atrás y en su lugar apareció esa disposición tan nuestra de convertir la nostalgia en una forma de fe. Al comenzar la música, el estadio entero pareció reiniciarse emocionalmente para entrar al mismo pacto: creer.

Pero no todo en este formato funciona con la misma eficacia. Uno de los problemas más evidentes es el timing. Hay cortes de ritmo que fragmentan el flujo del concierto y hacen que algunas canciones se sientan aisladas unas de otras, como si la narrativa no terminara de amarrar en una sola respiración. Y dentro de ese desajuste, los segmentos de los lentes 3D resultan de los menos afortunados: un recurso que llegó tarde para gran parte del público y que, además, nos enfrenta a videoclips de estudio sin la presencia de la banda en vivo, con elementos decorativos que no terminan de encajar del todo con la potencia simbólica de Soda Stereo. En ese tramo aparecen dos canciones que son himnos indiscutibles, “Cuando pase el temblor” y “Zoom”, pero justamente por eso uno no puede evitar pensar que merecían otro tratamiento, uno más vivo, más orgánico, más conectado con el resto del espectáculo. Ahí el show pierde impulso y se rompe la continuidad emocional que tanto necesita.

soda stereo ecos mexico

Cortesía Liliana Estrada (OCESA)

También hay ausencias que pesan. Uno entiende que un proyecto como este debe elegir, pero resulta imposible no pensar en las canciones que se quedaron afuera y que habrían abierto grietas todavía más profundas en la memoria: “Trátame suavemente”, “Signos”, “Corazón delator”, “Fue”, “Zona de promesas”. Basta imaginar una de esas piezas atravesando este formato para sentir el golpe emocional que pudo haber tenido. Incluso “Un misil en mi placard”, con la voz de Cerati tomada del MTV Unplugged y reacomodada en un contexto en vivo, despierta esa sensación de oportunidad incompleta: si vas a jugar con la nostalgia hasta sus últimos bordes, entonces también atrévete a ir hasta el fondo. Nos trajeron “Un misil en mi placard”, sí, pero uno no deja de pensar en “Té para tres”, en cómo habría caído ahí, en cómo habría roto a más de uno. Y quizá justamente por eso no la tocaron. Tal vez no quisieron dejarnos tan expuestos. Tal vez supieron que un dolor así no se administra, se desata.

Lo más valioso de Ecos está, precisamente, en la digitalización de la nostalgia. En la posibilidad de traer a este tiempo a quienes ya no están, de hacer que la tecnología funcione como una grieta en la cronología y no solo como un truco. Aquí Soda Stereo no intenta reemplazarse; se reinterpreta desde la memoria de los que quedan. Zeta Bosio y Charly Alberti se vuelven el presente activo del proyecto, mientras Cerati opera como fondo, como pulsación, como figura que sigue moldeando la percepción de todo lo que sucede. Esa visión se vuelve especialmente poderosa en temas como “Luna roja”, “Ciudad de la furia” y “Prófugos”, donde el diseño visual y la ejecución encuentran un equilibrio más firme. Y “Sobredosis de TV”, uno de nuestros momentos favoritos de la noche, se transforma en un triunfo inesperado: una canción que no siempre fue de las más queridas en las versiones originales termina adquiriendo aquí una fuerza particular, como si la curaduría actual revelara una lectura nueva sobre la banda. Eso también habla de algo importante: este no es un museo congelado, sino la visión que hoy construyen los integrantes que siguen aquí, y aunque esa visión sea distinta, también tiene su encanto.

soda stereo ecos mexico

Cortesía Liliana Estrada (OCESA)

El cierre fue uno de los mejores momentos de la noche. Sin recurrir al holograma de Cerati como epílogo, Zeta Bosio y Charly Alberti bajaron entre el público para interpretar “De música ligera”, mientras en pantalla desfilaban distintas imágenes de la banda a través del tiempo. Ese gesto tiene algo profundamente conmovedor, porque no busca clausurar el mito sino abrirlo de nuevo, ponerlo frente a nosotros como una memoria viva que sigue cambiando de forma. Todo arranca con ese ya inmortal: “Tengo una buena canción para cantar”, y desde ahí el Palacio de los Deportes se transforma en un coro colectivo que ya no canta solo para recordar, sino para reafirmar que Soda Stereo sigue siendo una de esas pocas bandas que logran convertir el pasado en presente sin que el hechizo se rompa.

Desde MHR, celebramos la valentía de un proyecto que se atreve a tocar una herida tan grande y tan visible. Ecos no es un reemplazo, ni pretende serlo; es una forma de volver a mirar hacia un lugar que todavía duele, pero también conmueve. Nos deja dudas, sí. Nos deja discusiones, también. Pero sobre todo nos deja la certeza de que hay bandas cuya resonancia nunca se apaga del todo, porque cuando el eco es tan grande, incluso la ausencia termina teniendo sonido.

Post escrito por: Ricardo Hernandez Salinas

Post Relacionados