Reseña: Boards of Canada /// Inferno

May 29, 2026

Boards of Canada Inferno

Boards of Canada
Inferno
Warp Records
9.5

Por Ricardo Hernández Salinas @kh40ss

Hay momentos en los que la música parece confirmar que la vida funciona en ciclos. No sabemos si estos ciclos obedecen a una naturaleza inevitable o si simplemente somos nosotros quienes terminamos encontrando patrones donde antes sólo había coincidencias, pero durante los últimos años hemos visto regresar a tres nombres que definieron la música electrónica contemporánea. Primero fue Aphex Twin, con una nueva etapa creativa y una visita histórica a tierras latinoamericanas. Después Autechre, reafirmando su lugar como una de las propuestas más radicales e importantes que existen. Y ahora Boards of Canada.

Resulta imposible ignorar que los tres nombres forman parte de la historia de Warp Records, una disquera que desde principios de los 90s redefinió la manera de entender la música electrónica experimental. Mas que un sello discográfico, Warp terminó convirtiéndose en un punto de encuentro para artistas que expandieron el lenguaje de la máquina, la programación y la composición electrónica hacia territorios completamente nuevos. La coincidencia de estos regresos parece cerrar un círculo histórico que comenzó hace más de tres décadas.



La misma tríada que apareció durante los años 90s, la misma que construyó lenguajes distintos, incluso opuestos entre sí, vuelve a encontrarse décadas después. Se contraponen, se complementan y terminan superponiéndose históricamente como si formaran parte de una misma conversación.

Y lo hace con Inferno.

Un álbum de setenta minutos que probablemente seguirá generando conversaciones durante muchos años más.

Para entender la dimensión de este trabajo vale la pena recordar quiénes son Boards of Canada. Su nombre proviene de la National Film Board of Canada, organismo responsable de producir documentales educativos y material audiovisual que los hermanos Michael Sandison y Marcus Eoin consumieron durante su infancia. Aunque son escoceses, una parte importante de su imaginario quedó marcada por aquellos paisajes canadienses, por las películas educativas, por la naturaleza y por esa sensación de estar observando recuerdos a través de una cinta deteriorada por el tiempo.

Quizá por eso su música siempre ha parecido una pregunta más que una respuesta.

¿Por qué sentimos nostalgia por cosas que nunca existieron?

Durante años, la música de Boards of Canada fue interpretada como una exploración de la memoria, pero reducirla únicamente a la nostalgia sería injusto. Existe una diferencia importante. La nostalgia suele mirar hacia algo que existió; Boards of Canada parece mirar hacia algo que quizá nunca ocurrió. Ahí aparece una de las ideas más fascinantes asociadas a su obra: la hauntología, esa sensación de que los fantasmas del pasado continúan infiltrándose en el presente. Sus canciones siempre han tenido algo de documental educativo encontrado en una bodega olvidada, de cinta VHS deteriorada por el tiempo, de recuerdos cuya autenticidad resulta imposible comprobar.

También existe una profunda raíz psicodélica en su trabajo. No la psicodelia entendida únicamente como expansión sonora o experimentación musical, sino como una herramienta para cuestionar la realidad misma. La psicodelia como una forma de preguntarnos por qué soñamos con soñar. Gran parte de la discografía de Boards of Canada parece construida alrededor de esa pregunta. La infancia, la naturaleza, la memoria y el tiempo funcionan como vehículos para explorar algo mucho más complejo: la percepción humana.

También resulta importante recordar que Boards of Canada nunca fue una banda que explotara de manera inmediata. Gran parte de su reconocimiento fue construido lentamente a través del boca a boca, de comunidades especializadas, de recomendaciones entre amigos y de oyentes que encontraron algo distinto en aquellas grabaciones cubiertas por niebla analógica. Su historia se parece más a una conversación que fue creciendo durante décadas que a un éxito instantáneo. Quizá por eso el lanzamiento de Inferno generó una respuesta tan intensa: para muchos no se trataba únicamente de un nuevo disco, sino del regreso de una presencia que había acompañado distintas etapas de sus vidas.

Sin embargo, Inferno toma un camino distinto. No abandona esos territorios, pero los observa desde una nueva altura. Aquí aparecen la religión, la ciencia, la magia ancestral, la cosmología, la fe, los símbolos y la necesidad humana de encontrar significado en medio del caos.

Por eso creemos que este es un disco de legado.

Una cápsula donde los autores parecen haber depositado creencias, inquietudes, preguntas, temores y formas de observar el mundo. Después de trece años sin un álbum de estudio resulta inevitable preguntarse cuánto tiempo necesita un artista para construir una obra de semejante escala. Porque Inferno se percibe calculado, trabajado y pulido hasta el mínimo detalle, pero sin caer en la frialdad matemática que suele asociarse a cierta electrónica contemporánea. Todo aquí respira humanidad.

Desde los primeros minutos aparecen señales de que estamos entrando en un territorio diferente. El álbum avanza como una obra conceptual donde cada pieza parece formar parte de una estructura mayor. Hay canciones que funcionan como puertas, otras como transiciones y algunas más como auténticos puntos de revelación.

Entre nuestras favoritas aparece “Prophecy At 1420 MHz“, una composición que parece operar en dos niveles simultáneos. Por un lado está el aspecto científico sugerido desde el propio título, una referencia que inevitablemente remite a frecuencias, señales y comunicación. Por otro, la palabra profecía introduce una dimensión espiritual. Esa tensión entre conocimiento y creencia atraviesa buena parte del álbum y aquí encuentra una de sus expresiones más elegantes.

Naraka” se siente como un descenso. Su nombre remite a conceptos asociados al inframundo dentro de tradiciones orientales y la música parece responder a esa idea. Hay algo profundamente ritual en su desarrollo, una sensación de movimiento hacia regiones internas donde el tiempo pierde relevancia y sólo queda la experiencia.

Blood In The Labyrinth” es una de las piezas más cinematográficas de todo el recorrido. Su título ya contiene una imagen poderosa: sangre dentro de un laberinto. Vida y pérdida. Dirección y extravío. Mientras avanza, la canción genera la impresión de estar recorriendo pasillos antiguos construidos con recuerdos, símbolos y fragmentos de memoria cultural.

Entre los momentos más inquietantes aparece “Arena Americanada“. Desde el título existe una sensación de observación crítica, como si la canción examinara una construcción cultural específica desde una distancia extraña. Su desarrollo contiene algunas de las texturas más espectrales del disco y funciona como un puente entre las preocupaciones espirituales de Inferno y la lectura contemporánea que atraviesa gran parte de la obra. Hay algo profundamente melancólico en ella, pero también una sensación de advertencia difícil de ignorar.

Después aparece “Into The Magic Land“, una composición fascinante por la forma en que recupera cierta capacidad de asombro que siempre ha acompañado a Boards of Canada. No desde la inocencia de sus primeros trabajos, sino desde una mirada mucho más compleja. Como si después de atravesar ciencia, religión y profecías todavía existiera espacio para el misterio.

Deep Time” merece una mención especial dentro del recorrido. Desde su título nos coloca frente a escalas temporales que exceden completamente la experiencia humana. Tiempo geológico, tiempo cósmico, tiempo profundo. La composición transmite una sensación de contemplación inmensa, como si durante algunos minutos el álbum abandonara sus preocupaciones religiosas y proféticas para observar el universo desde una distancia imposible. Es uno de los momentos más emotivos de Inferno y probablemente uno de los corazones silenciosos de toda la obra.

Memory Death” funciona como un puente entre el pasado y el presente de Boards of Canada. Su título parece condensar una de las obsesiones fundamentales del grupo: la fragilidad del recuerdo. Hay algo profundamente inquietante en escuchar esta pieza dentro de un disco tan cargado de simbolismos espirituales. La memoria aparece aquí como algo vivo, pero también vulnerable, susceptible al desgaste, al olvido y a la desaparición.

The Word Becomes Flesh” es quizá una de las composiciones que mejor representan el giro conceptual de Inferno. Su referencia directa a la materialización de la palabra coloca sobre la mesa uno de los grandes temas del álbum: la transformación de las ideas en realidad. La espiritualidad, la biología y la creación convergen aquí en una pieza donde la ciencia y la religión parecen dialogar constantemente.

Y entonces llegamos a “Age Of Capricorn”.

En MHR hablamos constantemente de comunidad, por lo que fue emocionante observar la conversación instantánea que generó el lanzamiento de Inferno. Desde plataformas masivas hasta foros especializados, miles de personas comenzaron a intercambiar interpretaciones, teorías y emociones alrededor del disco.

Uno de los hilos que más nos atrapó comenzaba con una frase sencilla:

“Si estás de acuerdo en que ‘Age Of Capricorn‘ es una de las canciones más hermosas y desgarradoras que Boards of Canada ha grabado, este es un espacio seguro para compartir tus sentimientos más profundos sobre ella.”

Y la verdad es que cuesta discutir esa afirmación.

Age Of Capricorn” se convirtió rápidamente en uno de los grandes momentos de la discografía del grupo. La canción parece reunir muchas de las obsesiones conceptuales presentes en Inferno. Profecía, religión, fe, destino, ciclos históricos y transformación aparecen condensados en una pieza que resulta tan emotiva como inquietante.

Particularmente fascinante resulta la presencia de la palabra “Mabus”, una figura asociada durante décadas a distintas interpretaciones de las profecías de Nostradamus. Más adelante la canción introduce elementos claramente cristianos relacionados con el pecado, la redención y la esperanza de una segunda venida. Lo interesante es que ninguna de estas referencias parece utilizada como afirmación doctrinal. Funcionan más bien como símbolos dentro de una reflexión mayor sobre la necesidad humana de creer, interpretar y buscar significado.

La canción enfrenta la incertidumbre pero no intenta resolverla. La contempla. Quizá por eso tantas personas reaccionaron de forma inmediata ante ella. Porque más allá de las referencias religiosas o esotéricas, existe una emoción universal recorriendo toda la composición: la necesidad de encontrar una respuesta cuando nos enfrentamos a lo desconocido.

Conforme avanza el disco también se vuelve evidente el enorme trabajo de secuenciación. Cada tema ocupa exactamente el lugar que necesita ocupar. Nada parece arbitrario. Hay discos que contienen grandes canciones; Inferno fue concebido como una experiencia completa.

Resulta particularmente emocionante cómo a partir de “The Process” comienza a sentirse nuevamente la esencia más reconocible de Boards of Canada. Sus texturas, sus atmósferas y esa manera única de manipular el tiempo emocional de una composición reaparecen como si estuviéramos observando el final de un largo viaje. La sensación es la de regresar a casa después de haber recorrido territorios desconocidos.

I Saw Through Platonia” merece una mención especial. El título parece remitir a la observación, al descubrimiento y a la posibilidad de atravesar un velo para contemplar algo oculto detrás. Musicalmente funciona como uno de los momentos más contemplativos del álbum. Después de recorrer profecías, símbolos religiosos, referencias científicas y construcciones mitológicas, la canción transmite una sensación de claridad difícil de describir. Como si después de atravesar el laberinto conceptual del disco apareciera finalmente una última ventana hacia el horizonte.

También resulta significativo que esta canción aparezca prácticamente al final del viaje. Después de escuchar un disco obsesionado con profecías, símbolos religiosos, cosmología, memoria y percepción, “I Saw Through Platonia” transmite la sensación de haber llegado a un punto de observación privilegiado. Como si por un instante pudiéramos contemplar la totalidad del recorrido y entender que muchas de las respuestas buscadas por el álbum jamás fueron respuestas en realidad, sino preguntas formuladas desde distintos ángulos.

Uno de los momentos que más nos impresionó aparece precisamente al final de esta composición.

Siete segundos de silencio.

Siete segundos que pesan.

Siete segundos que parecen contener tanto significado
como varias canciones completas.

Resulta sorprendente descubrir cuánto puede existir dentro del vacío cuando una obra ha sido construida con semejante precisión. Ese silencio funciona como una última respiración, como una pausa necesaria para comprender todo lo que acaba de suceder. Después de setenta minutos de símbolos, preguntas, visiones y reflexiones, Boards of Canada decide terminar hablando con la ausencia.

A lo largo de los años muy pocas obras han alcanzado un 9.5 dentro de MHR. Una de ellas pertenece a Richard D. James, figura fundamental para comprender gran parte de la música electrónica moderna. Que Inferno alcance esa misma valoración habla de la dimensión de este trabajo.

No por una cuestión de comparación directa, sino porque ambos representan momentos extraordinarios dentro de una historia que sigue expandiéndose décadas después de haber comenzado.

Hay discos que envejecen junto a nosotros y hay discos que parecen esperar pacientemente a que nosotros alcancemos su tiempo. Inferno pertenece a esta segunda categoría. Cuanto más se escucha, más conexiones aparecen entre sus símbolos, sus referencias y sus silencios.

Tal vez dentro de algunos años muchas de las interpretaciones que hoy parecen evidentes resulten equivocadas. Tal vez descubramos nuevas lecturas ocultas entre sus capas. Y probablemente eso forme parte de su encanto. Porque la verdadera fuerza de esta obra no está únicamente en lo que comunica, sino en la cantidad de preguntas que deja abiertas.

Michael Sandison y Marcus Eoin regresaron después de 13 años para entregar una obra profundamente personal, espiritual, científica, humana y misteriosa. Una cápsula de pensamiento construida con la paciencia de quien sabe que algunas conversaciones necesitan décadas para desarrollarse.

Mientras escribimos estas líneas, miles de personas alrededor del mundo continúan intentando descifrarla. Y quizás ahí se encuentre una de las mayores virtudes de Inferno: termina la última canción, llegan los siete segundos de silencio, pero la conversación apenas comienza.

Post escrito por: Ricardo Hernandez Salinas

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