Flow Fest 2026
La curaduría del algoritmo: algunas preguntas, métricas
y nuevas formas de descubrir música
Por @chak4nice
Ayer fue lanzado el cartel del festival de Reggaetón más grande del mundo y me parece que el festival se ha enfocado sobretodo en tres movimientos: la explosión urbana chilena, que no es nueva, la consolidación de una nueva escuela puertorriqueña y la presencia de proyectos mexicanos emergentes. Y eso me emociona. Me emociona ver propuestas mexas compartiendo tarima con nombres consolidados, el bombazo chileno hoy es imposible de ignorar y creo que esta nueva ola de Reggaetón en Puerto Rico viene a tomar el relevo de una generación que definió el género. Por eso mismo decidí no hacer otra lista de “5 artistas que debes escuchar antes del Flow Fest 2026” no porque crea que sea un ejercicio inútil sino porque algo que me interesa del periodismo musical es que también sirve pa hacer preguntas, incluso aunque estemos emocionadxs. No escribo esto pensando que tengo la razón, mucho menos estoy tratando de sostener verdades absolutas, de hecho no creo estar abordando nada nuevo, simplemente es una inquietud que me surgió viendo el cartel. Tampoco es una crítica a lxs artistas, es más bien una invitación a pensar en cómo consumimos la música y cómo se construye la relevancia musical a través de la cultura.

Foto Sadi @sadisky
Lo que me lleva a usar el cartel cómo una excusa para hablar de industria, legitimidad, poder, consumo musical y cultural. Aunque casi siempre hablo de las letras pequeñas del cartel ahora me interesa hablar de cómo el Flow Fest 2026 dejó de ser un termómetro del flow para volverse una certificación de aquello que ya fue aprobado por el algoritmo.
No me quiero poner intelectual pero no me quiero inventar nada tampoco y necesito hablar desde donde otrxs, que saben mucho más que yo, han hablado. No sé si el cartel es bueno o malo, lo que me mueve ahora es que formas de consumo cultural desenvuelve. Y García Canclini y Ana Rosas Mantecón son dxs sociólogos que sostienen diversas aristas alrededor del concepto de la cultura y el consumo cultural. Canclini por un lado dice que el consumo cultural no es simplemente comprar cosas o entretenerse, es una manera de producir sentido, pertenencia e identidad. Consumimos cultura para ubicarnos en el mundo.
Ana Rosas, por otro lado, ha trabajado con la idea de que los consumos culturales están atravesados por desigualdades, accesos y transformaciones tecnológicas.
Entonces, una vez dicho esto, quisiera preguntar: ¿estamos viendo un cartel o el reflejo de cómo consumimos cultura en 2026? Si, claro que ambas, pero me refiero a que el cartel ya no representa escenas, representa patrones de consumo y no de manera aleatoria. Un festival podía funcionar como una apuesta por lo que estaba pasando en la escena musical y ahora la apuesta está en la viralidad: ¿quién dominó en playlists? ¿qué o quién generó más engagement? ¿qué retuvo más atención?

Foto Sadi @sadisky
La escena cultural implica relaciones interpersonales y sociales, espacios físicos, colectividad, redes de colaboración, fiesta, barrio, desmadre.
Y un algoritmo identifica comportamientos de consumo, generalmente individuales. Entonces la pregunta que quiero hacer es: ¿qué sucede cuando los algoritmos comienzan a funcionar cómo curadores culturales/musicales?
Según Canclini, si el consumo cultural es un modo de construirnos simbólicamente, ¿qué pasa cuándo nuestras formas de pertenecer están en gran medida, atravesadas por plataformas que priorizan retención y visibilidad? es decir, ¿estamos eligiendo la música o consumimos aquello que los sistemas hicieron visibles para nosotrxs?
Tal vez faltan proyectos experimentales, propuestas queer, escenas hiperlocales. Tal vez faltan artistas que son importantes culturalmente pero no dan la métrica.

Foto Sadi @sadisky
Observando el cartel del Flow Fest 2026 me preguntó si observamos una foto de la cultura reggaetonera/urbana o solo es un screenshot del algoritmo, y a ver no es que crea que lxs artistas no merecen estar ahí, al contrario, muchxs de ellxs me maman pero el asunto para mi es otro: el cartel parece más interesado en confirmar que en descubrir. Menos propuesta y más validación. Quizá la pregunta ya no es quien aparece en las letras pequeñas, la pregunta es ¿qué proyectos, escenas o comunidades musicales quedaron fuera de la conversación por sus números o métricas?
Si el consumo cultural cómo plantea Canclini, es una forma de hacer sentido de pertenencia e identidad, entonces el cartel también habla de cómo pertenecemos. No necesariamente a escenas o movimientos culturales, sino a espacios digitales donde la atención y retención de la misma, se convierte en el principal criterio de legitimidad.

Foto Eduardo Lara @lalolarete
Seguro ya quedé como mamadora quejumbrosa pero lo que quiero decir es que probablemente el Flow Fest 2026 no está programando talentos únicamente por su relevancia artística, pues.
Creo que el festival es varias cosas al mismo tiempo: una celebración de escenas urbanas y reggaetoneras y una respuesta a las nuevas lógicas que determinan qué vemos, qué escuchamos y qué consideramos relevante.
Porque sería injusto ignorar lo que este cartel si consigue: propuestas encontrando espacios, explosiones urbanas que dejan de ser promesa para volverse realidad, nuevas generaciones que comienzan a escribir su propia historia dentro de la escena del Reggaetón.

Foto Samadi Gutiérrez Lovera @samgutlov
Quizá por eso vale la pena mirarlo con atención y preguntarle cosas. No para decidir si está chido o está culero, o al menos no solo para eso. Sino para preguntarnos qué nos dice sobre este momento cultural. Sobre cómo descubrimos música, cómo construimos pertenencia y cómo se produce la relevancia en una época donde las plataformas y escenas musicales conviven con el algoritmo todo el perro tiempo, nos guste o no.
No quería problematizar el perreo/fiesta/festival/desmadre 🙁 jajaja pero a veces ver cómo se arma también es parte de.la celebración, porque de veras lo amo lo suficiente como para querer entenderlo.
Flow Fest 2026
¿Cuándo?
Sábado 28 y domingo 29 de noviembre
¿Dónde?
Autódromo Hermanos Rodríguez
Boletos
Abonos
General
Fase 1 $2,480
Fase 2 $2,880
Fase 3 $3,250
Comfort Pass
Fase 1 $3,290
Fase 2 $3,790
Fase 3 $4,240
Plus
Fase 1 $4,980
Fase 2 $5,650
Fase 3 $6,450
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