RPM: 50 años de The Piper At The Gates Of Dawn de Pink Floyd

August 3, 2017

Something I can’t explain:
50 años de The Piper At The Gates Of Dawn de Pink Floyd

Por Ernesto Acosta Sandoval @erniesandoval_

Hay una entrevista de mediados de los ochenta a Frank Zappa en la que el músico explica porqué la industria musical estaba en crisis en aquellos años. En ella explica que cuando el Rock estaba en sus años formativos, digamos de finales de los cincuenta hacia principios de los setenta, las disqueras estaban dirigidas por gente vieja que no tenía ni idea de qué estaba pasando. Esa gente, contrario a lo que se podía esperar, siendo los dueños de las compañías, permitían que se hicieran muchas cosas porque lo que les interesaba en realidad era que las bandas y los artistas les generaran dinero para poder mantener sus empresas. Esos viejos, nacidos antes de la Segunda Guerra Mundial en su mayoría, no se metían con el proceso creativo de los artistas porque no le entendían y no les importaba entenderlos. Luego vinieron los herederos de esa generación. Baby-boomers forjados en medio de la revolución que entendían exactamente lo que el público quería al haber visto el desarrollo en primer plano y empezaron a diseñar a medida el gusto de los consumidores. Gente que intervenía en todo el proceso creativo sin interesarles la calidad real o el poder transformativo que una canción pudiera tener.

El verano de 1967 fue una explosión de colores y sonidos como no se había visto hasta ese momento en el siglo XX. Los Beatles iniciaron la ola en la que se subieron Jefferson Airplane, Jimi Hendrix, The Lovin’ Spoonful y un largo etcétera en el que está incluido un grupo formado por tres estudiantes de arquitectura y lidereados por un estudiante de arte. Pink Floyd entró a los mismos estudios que los Beatles a grabar, casi al mismo tiempo que los de Liverpool plasmaban su obra maestra, un álbum que terminaría mostrando otro tipo de psicodelia. Más pura, se podría decir. Más salvaje, también. Menos calculada, vamos. Todo sin interferencia de nadie simplemente porque nadie entendía lo que el grupo hacía, tal y como lo referiría Zappa veinte años después. The Piper At The Gates Of Dawn es un intento por atrapar en estudio las estrambóticas presentaciones en vivo que la banda londinense había estado dando desde hacía poco menos de un año. Canciones que parecen más bien paisajes sonoros oníricos (“Matilda Mother”, “Astronomy Domine”, “Interstellar Overdrive”) con un toque pop-barroco que le otorgaba el peculiar vocalista y efímero frontman, Syd Barrett (“Bike”, “Lucifer Sam”).

Antes de convertirse en el fenómeno de masas que siguen siendo (juntos o por separado), antes de las complejas obras conceptuales y los conciertos en estadios, antes de convertirse en el objeto de odio de los punks, Pink Floyd fue una banda inclasificable, absoluta y netamente contracultural, imposible de definir. Ese es el Pink Floyd que me gusta, acaso el único, justo porque hoy, a 50 años, es el único Pink Floyd que sigue siendo inescrutable.

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Post escrito por: Ernesto Acosta

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