RPM: 35 años de 1999 de Prince

October 25, 2017

Life is just a party, and parties weren’t meant to last:
35 años de 1999 de Prince

Por Ernesto Acosta Sandoval @erniesandoval_

No es muy arriesgado decir que, musicalmente, 1999 es el álbum con el que comenzó el Prince que conocemos. A pesar de ser el quinto disco de su carrera, aquí fue donde el artista se consolidó y se catapultó al estrellato en el que cómodamente viviría el resto de la década. Todo sin comprometer un gramo de integridad artística. Más bien pareciera que a partir de 1999, Prince dictaría las reglas del juego, su juego, el que se convertiría en el juego al que todos le entrarían los siguientes años.

En sus cuatro álbumes previos, el músico de Minneapolis había partido desde sus orígenes: Funk, Jazz, Soul y R&B. Mucha influencia de Marvin Gaye, Sly & The Family Stone, James Brown y Otis Redding, con letras eróticas rayando en el soft porn, uso de instrumentos tradicionales. For You, Prince, Dirty Mind y Controversy son buenos álbumes, que ni qué, pero lo mostraban contenido y un tanto dudoso. No así 1999. Aquí, Prince abrazó el futuro y se cambió el chip que traía dentro. Primero juntó a la que sería su banda más exitosa, The Revolution, y de pronto, los sintetizadores pasaron a primer plano, las secuencias electrónicas y los ritmos motorizados se incorporaron al sonido orgánico de la batería, las guitarras sonaban más fuerte, el bajo retenía su esencia funky, pero mezclado con todo lo anterior, tomaba un tono cósmico. La voz de Prince tuvo que competir con los decibeles que habían aumentado y tomó un tono menos dulce y más agresivo. Al igual que las letras. Este es el álbum en el que el artista se hipersexualizó al nivel con el que el público lo relacionaría el resto de su carrera. Prince forma parte de ese puñado de artistas que vio el futuro y supo cómo hacerle para moldearlo a su antojo. Aquí, Prince se desbocó y le cantó al temor por una posible guerra nuclear (“1999”), al bondage explícito (“Automatic”), a la tecnología como forma de alienación (“Something In The Water [Does Not Compute]”). Se dejó ir a tal nivel que 1999 se convertiría en su primer álbum doble. Un sólo LP no podía contenerlo.

1999 es el trabajo de alguien que no le teme al fracaso. Es la obra de alguien seguro de sí mismo y que sabe perfectamente lo que está esperando. Es un experimento calculado, ideado en una época llena de incertidumbre porque sabe que puede aprovechar las dudas de la audiencia para decirles qué es lo que sigue. Y lo que sigue, por supuesto, es fiestear como si fuera la última noche del siglo porque después, entonces sí, quién sabe qué vaya a suceder.

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Post escrito por: Ernesto Acosta

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