RPM: Closer de Joy Division, 35 años después

July 16, 2015

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I’m ashamed of the person I am: Closer de Joy Division, 35 años después.
Por Ernesto Acosta Sandoval @erniesandoval_

El álbum que disparó un mito. La obra que encumbró a una banda que ya no existía en el momento en el que fue lanzada. El LP que llegó y de un golpe hizo que todo un movimiento cambiara para siempre y se dirigiera a nuevos terrenos, más oscuros, más opresivos y claustrofóbicos, con una influencia incalculable, pero fácilmente distinguible hasta hoy, 35 años después. Closer no sólo fue el cambio en la dirección del sonido de Joy Division respecto a su álbum debut, lanzado apenas un año antes, fue el replanteamiento de todo un sonido generacional.

Mientras el Punk se seguía preguntando hacia dónde iba a ir en la década que se avecinaba, Ian Curtis, Bernard Sumner, Peter Hook y Stephen Morris estaban escribiendo el futuro con ritmos prestados del motoryk de Kraftwerk y Neu!, letras que se nutrían de la obra de JG Ballard, poetas del siglo XIX inglés y Nikolai Gogol. Y el futuro que alcanzaban a ver era negro. Aunque no lo supieran. Sumner, alguna vez, dijo que jamás nadie en la banda sospechó de las tendencias autodestructivas de su vocalista, reflejadas en las letras incluidas en este álbum. De entrada es difícil de saber qué era lo que aquejaba a Curtis en realidad y no me voy a poner aquí a discutirlo, pero Closer funciona como una breve ventana a lo que el vocalista traía adentro, un temor por el mundo exterior, por el rumbo de su vida. Si los Sex Pistols habían gritado tres años antes que no había futuro, lo hacían desde su posición de clasemedieros despreocupados. Curtis sabía que para él, de verdad, el futuro era algo que no quería enfrentar. Como lo dejaría claro aquel fatídico 18 de mayo de 1980.

Closer abre con “Atrocity Exhibition” que deja en claro que ya no eran el grupo de Unknown Pleasures, dubitativo en experimentar y con la voz de Ian Curtis aun en desarrollo. Aquí escuchamos a un grupo que se está yendo por lo épico, lo dramático y lo teatral. Curtis es el maestro de ceremonias con voz de barítono que nos abre el telón para decirnos: “This is the way, step inside”. Las siguiente ocho canciones son pura desesperación sónica, el horror vacui de alguien que va de salida. Curtis parece estarnos diciendo: “El último en salir apaga la luz”. “Isolation”, el segundo track, sin embargo, tiene reminiscencias al primer disco, aunque es engañoso. “A Means To An End” tiene un tono absolutamente misántropo, logrando uno de los puntos más altos del álbum. “Heart And Soul”, “Twenty Four Hours”, “The Eternal” y “Decades”, es decir, el lado B completo, muestran que ya no hay marcha atrás. La claustrofobia de estar viviendo una vida sin dirección ni sentido se hacen presentes.

Al escuchar Closer uno se pregunta qué habría sido de The Cure, Bauhaus, el Depeche Mode de principios de los noventas, Nine Inch Nails, Smashing Pumpkins, Interpol y muchos más, sin su aparición. Closer, 35 años después sigue siendo inacabable, inexplicable y hermético, como la vida misma de su perpetrador principal.

Post escrito por: Ernesto Acosta

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