RPM: 20 años de Odelay de Beck

June 8, 2016

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Two turntables and a microphone:
20 años de Odelay de Beck

Por Ernesto Acosta Sandoval @erniesandoval_

Desde hace 19 años que escuché por primera vez “The New Pollution” de Beck me he preguntado a qué se refiere el cantante cuando repite robóticamente “She’s alone in the new pollution” en el coro. Quizá no signifique nada, como casi siempre sucede. Quizá Beck está hablando de su propia música, incluida en su segundo álbum mainstream de estudio, Odelay. A eso suena lo que hizo aquí. A espesa y deliciosa contaminación auditiva. Hay tanto sucediendo al mismo tiempo en cada una de las catorce canciones que es imposible diseccionar un álbum como éste. Hay tal mezcla de géneros y tal cantidad de sampleos por todos lados que es impresionante ver y escuchar que Odelay funcione a ese nivel, es decir, como un todo. El álbum es un heredero directo del Paul’s Boutique de los Beastie Boys, hasta comparten productores. Es una obra hecha de recortes y retazos a tal grado que llega a ser desquiciante, en el buen sentido de la palabra. Pero tiene todos los ingredientes en la cantidad exacta y nunca se siente excesivo.

En Mellow Gold, de dos años antes, Beck se hacía el chistocito y parecía un adolescente jugando a provocar con su extraña mezcla de Rap blanqueado y Folk mal tocado. Hasta dio indicios de ser un one hit wonder. En Odelay se siguió haciendo el chistoso, pero se le nota más encausado. El salto que dio de 1994 a 1996 es asombroso y, aunque algunas cosas en el álbum siguen dando risa, ya no es la broma por la broma nada más. Aquí hay mucho más hacia donde sumergirse. Mellow Gold es una película de Adam Sandler, Odelay es una de Monty Python. El álbum lleva, detrás de las letras inescrutables y sin sentido, una carga de seriedad que no tenía su disco anterior. Aquí la mezcla de géneros (Rap, Folk, Country, Bossa Nova, Funk, Electrónica) sirve para expresar y diseccionar la escena musical de finales de los noventa y no queda en la anécdota nada más.

Odelay le mostró a Beck que puede hacer lo que quiere y que no hay límites para su creatividad. Sin Odelay, Beck no se hubiera convertido en el artista (en toda la extensión de la palabra) en el que se convirtió. Ese hombre impredecible que dobla las reglas y hace lo que quiere con ellas cada vez que lanza un disco y a todos nos deja boquiabiertos.

Post escrito por: Ernesto Acosta

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