Rosalía: LUX Tour @ Palacio de los Deportes:
La voz virtuosa del ángel redimido
Por Patricia Peñaloza @patipenaloza
Las palabras y los sentimientos se agolpan; las emociones estéticas, intelectuales y espirituales, se aglutinan en el alma, cuando se presencia el espectáculo con el cual la cantante catalana Rosalía presenta en vivo su álbum LUX (uno de los mejores de 2025), cuarta grabación de una carrera inteligentemente bien llevada, desde que empezara como intérprete en modestos tablados de cante jondo, hasta la estrella global que es hoy día, con casi 30 millones de escuchas al mes en Spotify y decenas de premios internacionales.

Y sí. Toda esa mezcla de exaltaciones fueron provocadas por La Rosalía, el sábado 22 de agosto, con su LUX Tour ante cerca de 17 mil personas en el Palacio de los Deportes; la primera de cinco noches que Rosalía ofrecerá en ese recinto, asombrosamente bien sonorizado por sus ingenieros, contrario a los acostumbrados rebotes de ese venue.
Dos horas de gozo y conmoción, de entrega enloquecida, entre la artista y una devota audiencia chilanga, ataviada para el encuentro cuasi-religioso, con mantillas de encaje en la cabeza como de señora de iglesia, la mayoría de blanco, tal y como la cantante aparece, remedando el atuendo de una monja, en la portada del disco de marras. Así de comprometidos son los habitantes de la ciudad que, a decir de los números, es la que más le oye en plataformas, a nivel mundial.
Pero, en el directo del disco LUX, de corte irónico-religioso y expiatorio, ¿qué tenemos? De su garganta, belcanto virtuoso de perfil clásico/barroco, pero con su ya consabido entrenamiento vocal “aflamencao”, gitano, o como dicen en España: de cante por bulerías; la música, una mezcla de instrumentos acústicos de orquesta de cámara en vivo, con agregados peninsulares, como las percusiones de cajón, con eventuales beats de electrónica; danza contemporánea, montaje escénico conceptual y adusto, propio del teatro actual; guiños visuales a piezas de la pintura universal (que incluyen una dinámica con el público: si te toca ser enfocado, debes imitar la obra de arte en pantallas).
Reseña: Rosalía /// LUX
Asombrosamente, todos esos elementos componen en un solo, el entramado artístico que Rosalía propone, sin dejar de ser Pop, asequible y disfrutable entre todo tipo de público. En resumen: una pasada.
Porque –y he aquí lo interesante— aunque suene abigarrada la descripción, LUX Tour es un show ligero, que fluye suave y divino, lo cual se dice fácil pero es un equilibrio difícil de lograr. Amén de que nadie más, en la música pop actual, está haciendo algo similar. Si bien ha habido momentos teatrales en la historia del Rock, como The Wall por ejemplo, y muchas veces el Pop y el Rock han adicionado instrumentos orquestales, los elementos particulares que ella reúne, de esta forma tan concreta, no habían coincidido antes, y menos con una respuesta masiva tan alta, viniendo de una artista de habla hispana, y además mujer.
¿Se habría podido imaginar que un concepto así, con baladas intensas, música clásica y belcanto, pudiera convocar a las grandes audiencias? La clave está en lo astuta que ha sido al respecto: notó que para ser conocida su ambiciosa propuesta, tenía que pasar por la masificación, para lo cual se metió de lleno y con gran humor, a hacer un disco de reggaetón y géneros afines. Claro que, si lo iba a hacer, tenía que ser de forma creativa y con letras interesantes, para una vez alcanzada esa fama, poder ahora sí atacar con un arte más solemne, que de otra forma habría sido sólo para unos cuantos.
El premio mayor
Este año ha sido crucial para Rosi —como le llama su fandom—, pues a los premios Grammy ya ganados, de 2018 a la fecha (dos internacionales y diez Latinos), así como al premio Billboard como Productora del Año (2023), ha sumado el galardón a Mujer del Año 2026 (también con Billboard); ocho premios de la Academia de la Música de España, y aun más relevante, dos preseas inglesas: un Brit Award como Artista Internacional y un Ivor Award como Compositora Internacional, ambos obtenidos por primera vez por una artista española.
Y fue justo en la ceremonia de los Brit Awards (28 de febrero), que la catalana ejecutó por primera vez en vivo, el complejo sencillo “Berghain“, un tema fuera de serie, que exige una técnica vocal de alto rango, en medio de cuerdas veloces a lo Vivaldi, con la intervención invitada de Björk, artista que Rosalía admira (y que ahora a su vez admira a Rosalía), como amadrinando y pasando la estafeta, pues es muy claro que un disco como LUX hereda el camino trazado por la islandesa en Homogenic (1997), que combina cuerdas clásicas con electrónica y melodías vocales de ensueño.
Esa actuación fue determinante, pues cuando LUX emergió a fines de 2025, propios y extraños nos preguntamos: “¿A poco ya puede cantar así? ¿Va a poder cantarlo en vivo?”. Sin embargo, con este álbum y gira, lo que principalmente nos quiere decir Rosalía, es: sí sé cantar, y muy bien.
A quienes la denostaron por rapear y enunciar frases rápidas arreggaetonadas, en su exitoso Motomami (2022), esta nueva grabación les calló la boca, con todo y que desde Los Angeles (2017) y El Malquerer (2018), más gitanos, ya denotaba tener gran voz. Aun así, quiso ir más lejos. Con el disco y la gira LUX Tour, Rosi demuestra lo mucho que ha trabajado para evolucionar y llevar su voz a alturas a las que no había llegado, ni siquiera en sus mejores momentos.
Pero a pesar de tantos premios, el verdadero premio ha venido a ella, cantando en vivo. La recompensa mayor está en el tierno, dulce y apasionado diálogo artístico que Rosalía logra en el escenario con su público. Ahí es donde la obra abandona el plano inmaterial/digital, para tocar lo humano; para hacer un llamado al amor profundo y enloquecido, al dolor de la pérdida, a la reflexión en torno de la existencia misma, como es todo lo que plasma en LUX, sin dejar de ser juguetona y divertida con los sentidos, la piel, la moda, las paletas de color; los modismos y “groserías” locales, las bromas, la ligereza con la que habla con la gente entre canciones, como si estuviera en la sala de su casa.

Dejen me concentro, basta de cháchara
“Gracias por no dejarme sola nunca, por darle cabida a mis canciones. Aquí me siento muy apapachada, como dicen ustedes. ¡México, eres lo mejor! ¡Las ganas que tenía yo de venir!” fueron sus primeras palabras a la audiencia, después de abrir directo con “Sexo, Violencia y Llantas“, pegada a Reliquia, una de las canciones más bellas y entrañables de LUX, para seguir con “Porcelana” y “Divinize“, muy cercanas entre sí musicalmente.
El tinglado al frente, con dos pantallas gigantes a cada lado, iba mostrando además en la parte superior, traducidas al castellano, las letras de las canciones, ya fuera que ella cantara en español, inglés, alemán, italiano o japonés, tal y como ocurre en la ópera; al centro del Palacio, estaba la orquesta con la que carga en toda la gira, dirigida por la cubana Yudania Gómez Heredia.
La escenografía, menos cubista y menos móvil que en la gira Motomami, con una escalinata y una gran luna arriba, va acorde con el concepto minimalista de LUX Tour, en el que los sentimientos son más sinceros y hay menos música desmadrosa. En la actitud, ella se muestra distinta: menos aprensiva, con movimientos menos tensos. Ahora que ha ido al fondo del dolor y ha regresado a la Tierra, se le ve más serena y segura. El protagonismo está ahora menos en las maxi coreografías y los props (ambos elementos aún existen, pero más sutiles), y mucho más en la voz de Rosalía.

Antes de dos de sus momentos cumbre, rompe la seriedad y se pone a cotorrear con el respetable; se pone a leer los letreros de la gente, hace bromas. Pero de pronto corta: “Bueno, ya; dejen me concentro, basta de cháchara”, para abrir paso a “Mio Cristo Piange Diamanti“, uno de los alcances vocales más altos, virtuosos y dramáticos de la noche, vestida de blanco, en un halo de total pureza. La piel china es inevitable, así como la entrega total del público, para seguir con la deslumbrante “Berghain“, que con sus grandes plumas negras en la cabeza y un vestido entallado, la hace lucir bellísima para irse al otro lado: el de la seducción, pero también del dolor y la perdición. Con ese acto coreográfico y de nuevo con un alcance vocal que eriza, emula a El Aquelarre de Francisco Goya.
Después de la solemnidad, viene la alegría con las maxi reggaetoneras “SAOKO” y “La Combi Versace“, así como la Bachata “LA FAMA“, de la era Motomami, para regresar a la profundidad con otro de los grandes temas de LUX: “De Madrugá“, un espléndido cante jondo mezclado con Jazz y clásico, acompañado de respectiva danza flamenca.
Cierra estos dos actos, también a manera de ópera, para abrir el tercero con “El Redentor“, un estremecedor canto místico arabesco, a capella, proveniente del disco Los Ángeles, único tema que canta de ese bello pasado (raro es, que en esta gira no cante nada del espléndido El Malquerer). Para de nuevo romper la seriedad con el cover al tema disco “Can’t Take My Eyes Off Of You“, con gente del público invitada, ella detrás de un gran marco dorado, a manera de pintura.
Llegó el momento del chisme, del “Confesionario”, que ya ha hecho famoso en cada show del LUX Tour, en el que invita a alguna estrella local de cada país. Esta vez tocó a la cantante de urbano, Kenia Os, quien contó sobre su ruptura con cierto ex novio famoso, que la engañó con otra. El punto importante es que a Rosi le gusta ser generosa y compartir de su fama con otras mujeres que van en ascenso o ya tienen un lugar ganado en similar escena.
Vino entonces la también esperada “La Perla“, el tema divertido de LUX, con su consabido baile de guantes blancos envolviéndola, contra un fondo negro; toda una fantasía teatral, explicando antes algo maravilloso: “México es un país con mucha cultura, mucha tradición. Quiero decirles que ‘La Perla no existiría sin ‘Rata de Dos Patas’ de Paquita la del Barrio”. Y sí, se trata de un vals (como lo son las rancheras) que enlista toda una serie de apelativos de desprecio, ante el macho embaucador.

Para rematar este bloque de LUX Tour, redondeó con las también intensas, “Sauvignon Blanc” y “La Yugular“, sentada sobre un piano blanco colocado en lo alto de la escalinata, con su amigo Llorenç Barceló en las teclas, no sin antes echarse dos shots de tequila y de volver a echar la cháchara con el respetable: que si les firma una muñeca, que si la chica que se graduó de ingeniera química con 9.5. Si algo ha sido también importante en su carrera, es lo sencilla y simpática que es.
Tras un intermezzo, volvió con nuevo atuendo rosa mexicano y tutú blanco, para colocarse en un escenario alterno, al centro, junto a la orquesta, en un momento un tanto más encendido, con “Dios es un Stalker“, “La Rumba del Perdón” y la oscura y excitantemente ruidosa “CUUUuuuuuute“, del Motomami, con una caja negra y luz neón, que se balanceaba sobre ella en lo alto, aterradoramente. Nota del editor: Simulaba esos giigantes inciensos en algunas iglesias
Ya en la recta final, ataviada de nuevo de blanco con muchas plumas, nuestro ángel deleitó con los infaltables mega hits “BIZCOCHITO“, con su distintiva coreografía y el merenguito “DESPECHÁ“, para cerrar de nuevo solemne, con las tristes “Focu’Ranni“, sobre un casorio que nunca se llevó a cabo, y “Magnolias“, una reflexión sobre la propia muerte, no sin antes despedirse conmovida, agradecida, lista para recibir las siguientes fechas del LUX Tour ahí mismo, los días 24, 26, 28 y 29 de agosto.
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