The Avalanches
No Bad Memories
Modular Recordings
8.9
Por Lecce
Los recuerdos no son un archivo, son más bien una edición tramposa. A veces una canción, un jingle, una foto o el sonido de algún aparato nos transporta a momentos que probablemente no sucedieron exactamente como los recordamos, pero que de alguna forma terminan construyendo nuestra realidad.
Y si alguien sabe de editar recuerdos, son The Avalanches.
Seis años después de We Will Always Love You, regresan con No Bad Memories, un disco que toma jingles publicitarios, sonidos de dispositivos electrónicos y samples de otras épocas para hablar del presente.
Antes, el zapping te mostraba todo y nada en cualquier cosa. Hoy hacemos scrolling, pero casi todo nos viene filtrado. No Bad Memories recupera ese placer de encontrarte por accidente con algo que no sabías que querías escuchar. Algo que, por cierto, The Avalanches lleva haciendo desde hace más de dos décadas.
La primera vez que lo escuché me sacó de onda. Yo traía en la cabeza la melancolía espacial de We Will Always Love You, y aquí todo va por otro camino. Esto es más Pop, más “fosforescente”, mucho más bailable. Me tomó varias escuchas dejar de buscar algo que no estaba ahí y empezar a disfrutar lo que sí tenía enfrente… y ahí fue cuando me pegó.
Musicalmente siguen haciendo lo suyo. Mezclan cosas que en teoría no deberían convivir y terminan sonando a ellos. Hay House, Garage, Hip Hop, Disco, percusiones limpias, sintetizadores y melodías pop que entran entre fragmentos chiquitos, pero todo sucede con una naturalidad tremenda.
Está finamente pulido, pero divertido. Se siente una lógica de collage paciente y certero conforme avanzan los tracks. Es un disco para pasarla bien… en una fiesta casera (de esas que ya no hay), con una chela en un bar o warm up antes de una noche larga.
Las colaboraciones están integradas al tejido musical, no “brincan” pero sí destacan. Hay encuentros poco obvios como el de Mike Patton o el de Ryoji Ikeda, y otros que ya traen historia, como Rivers Cuomo (Weezer) y Jamie xx, que vuelven a colaborar y se sienten especialmente cómodos. A eso súmale a Karen O, Barry Can Swim y Kadhija Al Hanafi, que amplían el panorama sin que el disco pierda cohesión. Ninguna parece indispensable por separado, pero juntas terminan siendo necesarias para la armonía general.
Para entrarle yo me iría por “Blue Shadows“, “Far Away“, “Can’t Get Over Losing“, “One More Fantasy“, “Highfield“, “Magic Wand“, “Total Recall” y “Every Single Weekend“. No porque expliquen el concepto, sino porque son puertas de sencillas de entrada al disco. Aunque es un disco conceptual que crece cuando se escucha completo, canciones como esta funcionan perfecto por separado.
Quizá no sea un disco de esos que se te quedan pegados durante semanas, pero dan ganas de volver, encontrar un detalle que no habías notado y, sobre todo, compartirlo con alguien que todavía no lo escucha.
Han pasado seis años desde la última vez que escribí sobre un disco de The Avalanches. En ese tiempo cambiaron muchas cosas, algunas más de lo que hubiera imaginado. Escuchar nuevamente su música y sentarme a escribir sobre ella tiene algo de reencontrarme con una versión de mí que ya no existe del todo, pero que sigue presente en ciertos recuerdos.
Quizá la memoria también sea un collage. Tomamos fragmentos, los reorganizamos y construimos nuestra versión de lo que pasó. Algunas cosas permanecen, otras cambian de significado y algunas terminan siendo más bonitas en la memoria que en la vida real.
Tal vez de eso se trata No Bad Memories… de entender que no hace falta regresar a ciertos momentos para seguir disfrutando lo que alguna vez significaron.
Porque al final, los hechos no suceden como los recordamos… pero son nuestros recuerdos los que terminan construyendo nuestra realidad.




