Reseña: The Kooks /// Let’s Go Sunshine

September 2, 2018

The Kooks
Let’s Go Sunshine
Lonely Cat Records
8.0

The Kooks encuentra su futuro al regresar a sus inicios

Por Aarón Cortés

Luego de cuatro años de espera (y un intento fallido por concebirlo), finalmente The Kooks ha vuelto mejor que nunca con su quinto álbum Let’s Go Sunshine, un proyecto tan ambicioso que logró recuperar la esencia de la banda entre escombros Funk y nos trae un disco digno de estar a la altura de sus primeros trabajos.

Según las declaraciones de Luke Pritchard, las grabaciones del álbum habrían comenzado en 2015, pocos meses después de la publicación de Listen, aunque no lograron encontrar la dirección adecuada. Fue así como descartaron todo progreso y llevaron las cosas con calma. Lanzaron una compilación de éxitos y dieron un tour, hasta que finalmente se propusieron a darlo todo en el estudio con tal de tener su propio Definitely Maybe o Rubber Soul.

Let’s Go Sunshine comienza con el coro de “No Pressure” desde lejos, como si marcaran una especie de ciclo comenzando con un fragmento de la última canción. Después de escasos 20 segundos, rápidamente el disco nos golpea directo con “Kids”, una pieza con una guitarra potente y hasta un solo, algo que la banda había dejado de lado desde las sesiones de Konk hace ya más de 10 años. Este tema tema busca plasmar esa frustración característica del Grunge mientras nos habla de una generación inconforme con el mundo torcido en el que vivimos. El resultado es una de las canciones más heavys de The Kooks, tan ruidosa como “Sway” y “You Don’t Love Me”.

De hecho, a pesar de que este álbum fue descrito por la propia banda como un “back to basics”, encontramos varios elementos de trabajos anteriores. Aunque a diferencia de otras ocasiones, nos muestran sus nuevos movimientos desde un inicio al cargar de energía la primera mitad del disco.

El claro ejemplo lo tenemos con el bajeo funky de “All The Time”, que logra marcar una línea sólida al conectar las secuelas del Listen con coros explosivos y pasionales como en “I Want You” de Inside In / Inside Out. La búsqueda de un amor eterno inspirado por la historia de sus abuelos que culmina en un himno Disco/Rock y, por suerte, esta es la única ocasión que tenemos los toques setenteros de su trabajo anterior.

La voz de Luke Pritchard aporta el toque necesario para saber que estamos escuchando a The Kooks, a lo largo de canciones cursis y unas cuantas baladas. Pero vale la pena destacar la vibra oscura y nocturna que muestran en “Believe”, con un estilo “dark” que alcanzamos a percibir en algunas versiones de “Around Town” y parecía que había quedado olvidada. Una jugada similar a lo que hizo Two Door Cinema Club en “Are We Ready? (Wreck)” para darle más variedad a la voz de Alex Trimble.

También debemos reconocer la gran calidad de audio lograda por los productores Chris Seefried y Brandon Friesen, que devuelven el potencial y frescura a una banda que busca retomar el vuelo en una época difícil para su género. Esto resalta las tonalidades en los efectos de la guitarra, algo que no habían explotado tanto como pudieron en su momento, al darle mayor peso a la agridulce guitarra acústica.

Parte de la inspiración detrás del álbum fue el proceso de Pritchard al sanar su corazón roto y volver a enamorarse. Este viaje personal quedó esparcido entre canciones como “Fractured and Dazed” con las dificultades de dejar ir a alguien, y su contraparte “Honey Bee”, que originalmente fue escrita por su padre y le realizó un par de modificaciones para obtener un track bastante cursi con toques vintage estilo Buddy Holly y Beach Boys (algo así como el equivalente a “Eskimo Kiss” o “Shine On” en este álbum).

Otras de las temáticas abordadas en las letras es la ira contra los bullies y la prensa en “Four Leaf Clover”, quienes critican con facilidad el trabajo de los demás sin mirar a fondo en lo que hay detrás de cada cosa (como una mujer que acaba de perder a su amante), recalcando que al final de todo éstos tienen una vida vacía y enferma. Un golpe de ira bien aterrizado con un instrumental que contrasta de manera inteligente con el mensaje principal.

Los baches sonoros comienzan a romper el ritmo con algunos arreglos lentos como el inicio de “Tesco Disco” y otras piezas un poco prescindibles como “Initials for Gainsbourg” contando historias de amor desde un punto de vista externo.

Dentro de la variedad de estilos también encontramos a “Pamela”, que busca colocar un banger de Indie Rock por primera vez en mucho tiempo, con un intro similar a “Sweet Home Alabama” de Lynyrd Skynyrd y esencia de Jamie T.

Pero la gran sorpresa del álbum se trata de una nueva versión de “Picture Frame”. Esta canción apareció por primera vez en 2011 como un bonus track acústico de Junk of The Heart, y que ahora está de vuelta acompañada de percusiones y violines melancólicos culminando con la tristeza de Luke Pritchard al máximo. Curiosamente “Swing Low” tiene mayor esencia de su tercer álbum que el tema en cuestión, por lo que “Picture Frame” pudo encajar de forma perfecta en Let’s Go Sunshine sin sentir que The Kooks no se está esforzando lo suficiente y por eso tienen que reciclar piezas viejas.

La fórmula de los coros explosivos se repite durante sus 14 canciones (omitiendo el intro), por lo que es probable que al finalizarlo se queden con más de una canción atorada en la cabeza. Aquí destacamos a “Chiken Bone” con una fórmula Beatle que nos muestra que no necesita tener mucho sentido la letra, para ser demasiado catchy y alegre, que seguro les funcionará como arma secreta en los conciertos.

Previo a su lanzamiento, los singles de Let’s Go Sunshine mostraban un camino incierto en la dirección del álbum, que toma sentido una vez que se escucha completo. De cualquier forma “Weight of the World” nos recuerda que, en efecto, estamos escuchando un disco de The Kooks con una pieza de desamor digna el final de una cinta independiente con un mensaje confuso.

El final del disco corre a cargo de “No Pressure”, una canción alegre con una guitarra suave y playera que nos habla de vivir el amor con calma y disfrutar el momento. Un punto a su favor al no rematar con una balada de pocas capas sonoras y dejar uno de las mejores canciones como cierre.

Tal vez nadie esperaba que The Kooks regresara a sus primeros años para su quinto material. Sin embargo, debemos tomar en cuenta que ésta táctica ha sido las bases de los últimos trabajos entre los sobrevivientes de las bandas más populares de los 00s sin tener éxito alguno.

Let’s Go Sunshine nos muestra que a veces no está mal dar unos cuantos pasos atrás para avanzar, una necesaria retrospectiva para refrescar el sonido de la banda con un Pop mucho menos forzado que el de Listen. Si bien, el disco tiene algunas canciones que suenan bastante similares entre sí al no prestarles la debida atención, también nos regaló un montón de hits y uno de sus mejores álbumes desde Konk, sin tener que estancarse en las piezas acústicas y lentas como Junk of the Heart o el exceso de fiesta Disco en Listen.

¿Será que The Kooks se estanca por culpa de la nostalgia o encontrarán la forma de avanzar a través de elementos clásicos?

Post escrito por: Blogger invitado

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