RPM: 25 años de The Downward Spiral de Nine Inch Nails

March 7, 2019

Help me, I broke apart my insides:
25 años de The Downward Spiral de Nine Inch Nails

Por Ernesto Acosta Sandoval @ernisandoval_

A mediados de 1992, Trent Reznor venía de haber lanzado un álbum debut interesante en el que abrevaba un poco del Synth Pop de la década en la que fue concebido, pero con un giro agresivo y cercano, aunque no del todo, al industrial de algunos casi contemporáneos. Su banda, Nine Inch Nails, habían sido headliners del primer Lollapalooza, y habían lanzado un EP, Broken, que había resultado un trancazo con la crítica, y se había hecho, gracias a eso, de una fanbase sólida. Si algo quedaba claro entre los dos trabajos grabados por la banda en los años anteriores era que no les interesaba encasillarse en un solo género. Mientras Pretty Hate Machine recordaba a los momentos más oscuros de Depeche Mode, Broken parecía el hijo perdido de Einstürzende Neubauten y Nitzer Ebb. Para su segundo álbum completo, la moneda estaba en el aire. A finales de aquel año, Reznor se encerró en la casa donde en 1969 había sido asesinada Sharon Tate a manos de la Familia Manson, la convirtió en un estudio con lo más avanzado en tecnología y dejó que sus demonios salieran durante el año y medio que duró la grabación.



The Downward Spiral es una mezcla de angustia, nihilismo, autodestrucción, abuso de sustancias, desesperación y agresividad. Todo sepultado debajo de capas de sintetizadores, guitarras machacantes, baterías y cajas de ritmo frenéticas a 269 BPM. Según el propio Reznor, es como si esto fuera su autobiografía hasta ese punto en su vida. Es, como su propio título lo indica, el descenso hacia un infierno personal y provocado por él mismo, sin paradas y sin escalas. Es su grito en contra de la hipocresía de la religión, lo reconfortante del uso de drogas, pintarle el dedo de en medio a todo tipo de autoridad (incluyendo la propia). The Downward Spiral es también la admisión del narrador de que no sabe qué más hacer para terminar con lo que le está sucediendo. Desde la salvajada inicial de “Mr Self Destruct”, pasando por la sonrisa irónica que es “Piggy”, el momento reflexivo en “Ruiner” (en el que repite el mantra del álbum: “Nothing can stop me now”, y que aparece en al menos tres canciones), lo abrasivo de “The Becoming” y “Big Man With A Gun”, hasta terminar en “Hurt”, la canción que, musicalmente resume todos los estados de ánimo a los que Reznor somete al escucha durante la hora y cacho que dura el álbum. El disco es un viaje forzado que, a pesar de los horrores que muestra, no quieres que se acabe.

Para el momento en el que apareció, The Downward Spiral parecía haber profetizado sobre la soledad y la desesperanza en la que nos encontraríamos unos años después, con su mezcla de narrativas cyberpunk y la creación de ambientes oscuros y angustiantes. Cuando una obra de arte, sea del género que sea, logra hacer eso, es que estamos frente algo más grande que la vida misma.

Post escrito por: Ernesto Acosta

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