Reseña: Kim Gordon /// No Home Record

October 18, 2019

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Kim Gordon
No Home Record
Matador Records
8.5

Amenazando “el estado de las cosas”

Por Andrés Quiroz

En el panorama cultural politizado de hoy, los álbumes sobre “el estado de las cosas” abundan. Pero pocos abordan con tanto ingenio y amenaza estos tiempos tan desastrosos como No HomeRecord de Kim Gordon. Se podría decir que corre con una ventaja injusta: su voz carbonizada es reconocible al instante, transmitiendo una sensación tan natural de absurdidad y desprecio que podría hacer que la lectura de un festival de la cosecha suene como una acusación de todo el complejo agrícola. Aunque eso sería subestimar su habilidad y potencia al escribir, como en “AirBnb”, canción que lleva el nombre de la compañía, y que claramente es una crítica eufórica a la nueva economía compartida. Una de las mejores canciones de Rock del año que confirma su atractivo oscuro.

Kim Gordon parece haber encontrado en Justin Raisen (Angel Olsen, Yves Tumor, Sky Ferreira, etc.), su principal colaborador y productor en este disco, a su mejor aliado. No Home Record combina brillantemente esas capas de ruido que ya conocemos con una increíble dinámica Pop. Algo que según la propia Gordon y Raisen, no fue a propósito. Un claro ejemplo de ello es “Sketch Artist”, con un bajo estremecedor y declaraciones amenazadoras que parecen formar parte del repertorio de Death Grips, cede a momentos a un respiro resplandeciente, lleno de paz y calma que trae a la mente la etapa más Pop de su ex compañero de banda, Jim O’Rourke.



Kim Gordon está claramente interesada en alejarse de las restricciones del Noise y el Indie Rock como se les entiende convencionalmente, y “Paprika Pony” lo deja más en claro. Un destello, como en su momento lo fueron el karaoke-stand de “Addicted To Love” de Robert Palmer, en Ciccone Youth, el Whitey Album de Sonic Youth, o aquella colaboración con Chuck D en “Kool Thing” de 1990. Un bombo hipnótico que se pasea a través de un ritmo ominoso y espeluznante, donde Kim Gordon murmura, susurra a medias un camino de libre asociación a través de los callejones de su mente.

Todo comenzó con Kim Gordon jugando con una vieja caja de ritmos, escuchando a los Stooges y al pionero del Footwork, RP Boo. Gordon le envió una grabación a Raisen hecha con un viejo lado B de Sonic Youth llamado “Razor Blade”, una canción acústica, con todas estas experimentaciones nuevas encima. Después, justo hace tres años, crearon “Murdered Out”, un huracán poseído que estableció el camino del álbum.

Todos estos paisajes sonoros no hacen más que sustentar la escritura de Gordon sobre la falsa promesa de convivencia y la resbaladiza identidad. “Don’t Play It” nos habla sobre cómo puede sentirse el egoísmo transitorio cuando está vinculado al consumismo (“¿Donde estas mis cigarrillos?, esos no son mi marca.”). El título de la canción, insistentemente escupido, junto a la producción que suena como un Techno brutal, escuchado a través de una pared, llega a la inutilidad de aferrarse al pasado.

Canciones como la ya mencionada “Air BnB”, una gigantesca losa de Blues y Rock and Roll, o “Earthquake”, una brillante obra de Drone-Folk, proveen de un delicado y exquisito balance al disco; pero los momentos más emocionantes y vertiginosos, como dos mundos colisionando, corren a cargo de ruido Techno, MPCs maltratadas, amplificadores de bajo sobre calentados, guitarras personalizadas y Kim Gordon lanzando observaciones fragmentadas, como en “Hungry Baby”, un Punk indomable que nos grita sobre el acoso en la industria de la música (“¡Toca tú pezón! ¡Imagina que eres mía!”). Muchos artistas de la talla de Kim Gordon huyen de los horrores contemporáneos a las comodidades del pasado, pero ella parece disfrutar de una nueva materia prima para rehacer en su propia imagen inimitable.

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