Robyn

Cortesía Santiago Covarrubias (OCESA)

Cortesía Santiago Covarrubias (OCESA)

Cortesía Santiago Covarrubias (OCESA)

Cortesía Santiago Covarrubias (OCESA)
Lykke Li

Cortesía Santiago Covarrubias (OCESA)

Cortesía Santiago Covarrubias (OCESA)

Cortesía Santiago Covarrubias (OCESA)
Robyn + Lykke Li:
The Sexistenial Tour @ Palacio de los Deportes
Por Diego Álvarez Rex
Robyn tardó demasiado en llegar a nuestro país que fue justo y necesario que su debut se transformara en una de las fiestas más grandes que ha visto el Palacio de los Deportes: Lykke Li, Zhala y un drag show por BonBon Collective, y todavía un afterparty con Umru, Meat Computer y solo dios sabe qué tanto talento en una noche maratónica de música.
El sábado 19 de septiembre, Robyn finalmente cantó en nuestra ciudad con su The Sexistenial Tour. El verbo importa: después de décadas de carrera, una discografía que convirtió la vulnerabilidad sentimental en combustible para la pista de baile y una relación particularmente estrecha con el público LGBTTQ+, la sueca debutó con una sensación de deuda saldada.
No fue solamente la visita de una estrella del Pop: fue la llegada de una música que durante años funcionó, para muchos, como un espacio de reconocimiento y libertad. El concierto en sí fue toda una historia no por el recorrido a su carrera sino que aunque los accesos a pista volaron en días, el resto de las secciones genuinamente batalló con todo y descuentos ¿Tal vez un recinto más pequeño pudo funcionar mejor?
Desde “Blow My Mind” y “Fembot” hasta “Honey” y “Dopamine”, el concierto construyó ese territorio donde bailar, desear, perder y volver a levantarse pueden ser gestos igualmente políticos y profundamente personales. El repertorio recorrió distintas etapas de su carrera sin convertirlas en museo. “Don’t Fucking Tell Me What to Do”, “Love Kills”, “Be Mine!” y “Show Me Love” convivieron con el material de Sexistential, mientras “With Every Heartbeat”, acompañada por Zhala, abrió una de las conexiones más emotivas de la noche. La aparición de Lykke Li para “Be Mine!” reforzó además la dimensión colectiva de una velada diseñada alrededor del Pop como comunidad.

Cortesía Santiago Covarrubias (OCESA)
El encanto de Robyn como figura ya icónica es que su música es un lugar seguro para cualquiera que se sienta fuera de lugar, que batalla con su entorno, con la aceptación y hasta con sus propios sentimientos No resulta casual que la producción hubiera incorporado también un drag show y la participación de Casa Frida, organización dedicada al acompañamiento de personas LGBT+ en situación de vulnerabilidad: alrededor de Robyn, la pista de baile siempre ha sido algo más que una pista de baile.
El cierre del The Sexistenial Tour “Missing U”, “Call Your Girlfriend” y “Dancing on My Own” fue tal cual, un clímax. Tres canciones que resumen buena parte de la singularidad de Robyn: convertir la soledad en celebración sin negarla, hacer del desamor una experiencia compartida y transformar la tristeza en movimiento.
Que haya tardado tantos años en presentarse por primera vez en CDMX vuelve la escena todavía más significativa. El público mexicano no necesitaba descubrir a Robyn aquella noche; llevaba años encontrándose en sus canciones. Lo que ocurrió bajo el “Domo de Cobre” fue, más bien, el encuentro físico y palpable de una artista y una comunidad que ya se habían reconocido desde mucho antes.



