Reseña: Jack White /// Boarding House Reach

April 4, 2018

Jack White
Boarding House Reach
Columbia Records
5.5

Por José Marr‏ @JR_Marr
Crazy Rhythms Music

Jack White es un genio, un absoluto genio. Es también, uno de los más particulares y mejores guitarristas seguramente de la historia. Lo sabemos, y lo sabemos desde que estaba al lado de Meg White en The White Stripes, lo reafirmamos cuando se aventuró con The Raconteurs y se ha escrito con con letras indelebles en los anales de la música con algunas aventuras fuera de esa línea que ha tenido. Pero también, el mismo Jack se ha encargado, un tanto ya sin necesidad de demostrarlo, de restregarnos sus dones en los oídos, en el rostro. Hablo de su etapa solista, una tendencia a la alza que hoy se emancipa en esplendor con su tercer larga duración Boarding House Reach, un trabajo que lleno, repleto de complejidades, ideas, inquietudes, experimentos y extrañezas se puede volver una maravilla transgresora de un tributo al pasado adelantado a su época, pero que también, es uno de los sinónimos más grandes de un licuado de elementos, de una orgía de sonidos, de arrojar colores en un lienzo esperando algo para después delinear con el fin de darle forma, en este caso, a canciones.

Era algo que Jack White ya dejaba entrever en Lazaretto, sin embargo, aún sonaba arraigado a sus siempre raíces del Rock más clásico, del Blues, donde al fin y al cabo, aunque no hacia falta revolucionar nada, White permeaba algo tan establecido con su inigualable estilo. Boarding House Reach es el polo opuesto de ese minimalismo que hizo de The White Stripes ser algo tan simple y lleno de poder al mismo tiempo, digamos que éste trabajo de White es la contraparte del mismísimo Elephant. Aquí, suenan impresionantes extractos de 10 o 15 segundos de cada canción, como esa voz temeraria y dolosa que desarrolla desde los versos hasta la cima de su linea más fuerte en “Connected By Love“, pero luego el sintetizador con estática, el órgano, los coros góspel, el riff cuasi histérico, las sonajas, lijas, piano, un sinfín de cosas apareciendo sin restricción, terminan por aturdir. Y esto es en todos y cada uno de los cortes; parece que incluso cuando su autor declaró que este sería un disco “bizarro”, no exageró, pero más bien dio la pista equivocada, porque hablamos de un compendio que se empacha en sus propias virtudes, y cuando intenta contraerse parece que simplemente no llega a ningún lado (“Why Walk a Dog?“). Los primeros segundos de “Hypermisophoniac” con el agitar de una lata de aerosol es otra creación caprichosa, pero ojalá White tuviera ese carisma de Beck para hacer este tipo de cosas en verdad bizarras (“Qué Onda Guero“) ya que aquí hay un poco de lo que parece ser un piano Honky, voces robotizadas, una tecla digital, White exclamando una especie de locura a causa de sonidos y después habla sobre robar un banco, pero ese sintetizador cargando intentando encender, es lo que más refleja el estado en toda la canción con ese patrón que nunca se detiene, pero tampoco se convierte en algo.

Extraños hasta los interludios, lo digo por la doble pista de voz, una de ellas robotizada en ese arpegio con narración nombrado “Ezmerelda Steals the Show“, por el paisaje del oeste con spoken-word incluida de nombre “Abulia and Akrasia“, y hasta por las congas que aparecen en esa ebullición neurótica en que se convierte “Everything You’ve Ever Learned“; pero todas, no logran absolutamente nada más allá de sus experimentos abstractos llamativos pero al final inútiles. Y no es que todo esté tan perdido, hay un momento donde se consigue antes que cualquier otra cosa, crear un buen ritmo, lo que parece ser más algo orientado a una base de Hip-Hop, con una adición hasta de congas, clavecín a lo Stevie Wonder, riffs y hasta coros góspel para “Corporation“; hasta esa escueta letra, corta pero mordaz hablando sobre crear un monstruo corporativo, suena eficaz en su totalidad. Y para brindar un respiro y regresar a la esencia de su autor, hay una desintoxicación de todo este arsenal en la recta final con ese Country Blues más humanizado llamado “What’s Done is Done” y “Humoresque“, que esta última cuenta con la curiosidad de haber sido escrita por Al Capone. Es una pieza que White encontró y adaptó para este disco y que al decir verdad es donde se escucha más cómodo y natural, el único momento en todo el disco. Entre su piano, percusión y guitarra, es una despedida tan sutil y bella que es capaz de aliviar todo lo aturdido que pudieron resultar sus 12 antecesoras.

Es difícil sentenciar Boarding House Reach, pero todos sabemos que los grandes discos no dividen opiniones (habrá algunos contracorriente) y con un trabajo así, es lo principal que ha provocado. Por ello es fácil saber que no es un mal trabajo por toda la aventura que representa su barroca forma de expresar, pero también no es la obra Rock transgresora mesiánica que el género necesitaba. Más allá de la curiosidad y el asombro de este experimento no hay mucho de donde agarrarse; parece atrevido en el durante y aventurado en el armado pero al final, muy inconsistente en el resultado. Tanta genialidad se vuelve engorrosa y tediosa. Ya sabemos desde hace mucho que todo en extremo es malo, o, no es bueno.

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Post escrito por: Jose Marr

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