Reseña: Beck /// Colors

November 5, 2017

Beck
Colors
Capitol Records
6.8

Por José Marr‏ @JR_Marr
Crazy Rhythms Music

La transición por la que ha pasado Beck a lo largo de su carrera se destaca como uno de los arcos evolutivos más gratificantes de escuchar y también de los más alabados por la crítica. Su regreso en 2014 con Morning Phase fue celebrado por todo el mundo, incluso le llegó a valer un Grammy al Álbum del Año y después de todo fue una secuela ligada en sonido a otro de sus más celebrados trabajos como aquel Sea Change del 2002 puesto que significó su consolidación como compositor camaleónico capaz, sin miedo de explorar de nuevo esos terrenos más sutiles y acústicos. Fue quizás esta bruma la que le hizo reconsiderar lanzar un segundo álbum que supuestamente tenía preparado para ser estrenado casi de inmediato y del cual había dicho sería otro giro más cercano a su Odelay de 1996. La noticia fue que el nuevo disco sería hecho junto a Greg Kurstin y en ese aspecto, todo lo dicho se ha cumplido aunque tuvieron que pasar tres años para que se develara el misterio que se traían entre manos.

La primera sorpresa vino en forma de single, uno llamado “Dreams” que rápidamente tomó por sorpresa a un público que comenzó a conectar como referente aquí y a futuro, la experimentación osada y libre de Modern Guilt y The Information; por lo tanto, abrió paso a la especulación que posiblemente sería punto de partida para que el Beck divertido y simple de los 90s estuviera de regreso. Este cuestionamiento quedó en el aire por meses, hasta ahora, que su nueva producción Colors se encuentra entre nosotros.

Ahora bien, si abordamos al álbum desde la perspectiva de “el viejo Beck ha vuelto”, entonces estamos empezando mal, con una idea correcta, pero mal expresada, ya que hay nuevos ritmos en Colors; beats muy actuales y una jovialidad inesperadamente bien transmitida por parte de un artista que va para los 50 años. El hecho obvio pero que es necesario señalar es que Colors puede ser considerado por mucho como su álbum más amigable, encuentra su estado de gracia rindiéndose a los sonidos que hoy por hoy están marcando tendencia. “Wow“, el single que acompañó el anuncio del álbum se distingue de entre todas las creaciones anteriores de Beck por ser una incursión directa al Trap Rap, acertando hasta en la performance sosa y no tan interesante como las otras canciones que le rodean. “Seventh Heaven” sería el contraste perfecto ya que dentro de ese remolino de guitarras dulces y su progresión fácil de adivinar, mantiene cada propiedad posible en un grado máximo de entusiasmo que nunca está de más para ser escuchado.

Cabe aclarar que esta ocasión no estamos tratando con el Beck de los 90s pre-Midnite Vultures, es cierto que desde varios puntos de vista Colors comparte similitudes con Odelay e incluso los recursos utilizados en las consolas de audio remiten directamente a Mutantions, no obstante, la principal diferencia entre su persona de los 90s y el presente es que deliberadamente sacrifica las libertades que le ofrece un estilo irreverente para irse de lleno al estereotipo del nice guy, limitando indirectamente las formas en las que puede expresarse y en las que su música es percibida. Es comprensible que este movimiento le aporte credibilidad al producto ante su ampliado rango de alcance publicitario, pero pierde mucho de su esencia más característica.

Aunque no parezca un álbum tan elaborado como sus anteriores y en repetidas ocasiones recurra a relleno llamativo para llegar a un coro (“Dear Life“, “Seventh Heaven“), es digno de agradecer que haya optado por retrasar su lanzamiento por el tiempo que hayan necesitado para dotarle ese tratamiento instrumental orgánico disfrazado por capas tenues de sonido, pues una vez que ponemos atención a cada track suelto, se aprecia la imagen de un grupo tocando casi todo el disco en vivo; incluso cortes como “No Distraction” se prestan para ser llevados a los escenarios con una coreografía en el puente. Es fácil pronosticar el éxito del aún por anunciarse Tour.

El gran acierto de Colors es que bien pudo quedarse corto debido a su mood, pero entre las composiciones de Beck y la variada producción de Greg Kurstin se logra armar un compendio que no visita dos veces un mismo estilo y se da libertades como reversionar el piano que abre “Dear Life” con un giro más Funky en “Square One“, tener un track homónimo tan placentero e ingenioso que nos pone vocoders y flauta en total armonía, parecer una mala copia de esos hits de radio que escuchamos a principios de la década pasada en “I’m So Free” y dejarse llevar demás melodías que pierden esa chispa de complejidad por ir a un coro fácil. Que haya dos versiones de “Dreams” nos dice mucho tanto de cómo concibieron las melodías y cómo se adornaron para poder quedar en el tracklist final.

No hay muchas razones para revisitar Colors a futuro, tampoco hay un gramo de profundidad en sus letras y fuera de ofrecernos un fugaz periodo de buen humor ideal para acompañar en la playa o ambientes festivos, nos quedamos con algo más parecido a un capricho por querer aceptar el reto que representó hacerlo. Pero también es cierto que nos quedamos con uno de los trabajos más redondos de Beck, uno que nos confirma que seguimos teniendo a uno de los compositores más dedicados con su obra, uno de los más carismáticos y ágiles para adaptarse al estilo que guste, y eso en su ya longeva carrera, se agradece.

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Post escrito por: Jose Marr

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