Reseña: Zoé /// Aztlán

May 1, 2018

Zoé
Aztlán
Universal Music
6.2

Por Sebastian López @sebas_0132
Crazy Rhythms Music

Zoé, quizás la banda mexicana más masiva de esta última década en México, están de regreso oficialmente con su sexta placa de estudio. Vaya que ha sido un viaje bastante largo desde su creación en 1997 para llegar al estatus del que gozan hoy en día, avanzando su debut homónimo en 2001 por un arco evolutivo constante que los llevó desde su adaptación a los hits y baladas Rock rápidas (Rockanlover) a momentos de introspección lírica sobre temáticas de desamor (Memo Rex) y su inminente llegada a la cúspide donde tanto la exploración de nuevos estilos como la realización satisfactoria de sus características más distintivas estuvieron a la orden de formar un álbum con los pies en la tierra y estilo espacial (Repilectric), sólo para volver a darnos música nueva media década después con Prográmaton, plagado de ideas poco sólidas y estilo que desde entonces ya se antojaba gastado. Tenemos también como antecedentes su exitoso MTV Unplugged, un EP llamado Colaboraciones España, un puñado de álbumes en vivo y otro tanto de remixes. La tendencia a lo largo de este tiempo siempre ha sido el Rock espacial, casi psicodélico, siempre aproximándose a visiones más cosmopolitas de su estilo y añadiendo nuevos elementos a la fórmula pero siempre sin atreverse a abandonar por completo su necesidad de seguir haciendo hits de radio simples que limitan su propia ambición y traiciona en un sentido práctico la filosofía de su líder León Larregui.

En esta sexta ocasión pareciera que saldrán de ese molde que ellos mismos crearon y que ha dado pauta a imitadores, para adentrarse en una nueva aventura sideral titulada Aztlán. Un vistazo a su portada y teniendo “Azul” como adelanto nos haría creer que por fin la banda podría dejar atrás cualquier atadura y darse rienda suelta para sorprender como lo hicieron con el hipnótico soundtrack de Panoramas, pero si hay un punto de partida justo para comenzar a hablar de Aztlán es aclarando el hecho de que el 90% del álbum no tiene relación alguna con temáticas prehispánicas o propias del folclor mexicano, entendemos que en su momento fue divertido hacer las comparaciones con Moctezuma y quizás también nos ilusionamos con que podría pisarle los talones a la gran obra maestra de Porter, pero cualquier seña de eso que Zoé emplea aquí, está un tanto fuera de lugar. De hecho, esto no es la reinvención de Zoé que muchos ya exclaman, sino todo lo contrario, es un nuevo compilado de canciones dedicadas a sus fans más tradicionales, por no decir que es uno de baladas.

Una vez aclarado esto, no cabe duda que el material abre envolviendo totalmente al escucha con “Venus” y sus samples estáticos, obra del mismísimo Craig Silvey, productor convocado para dar un nuevo aire a las composiciones tras consolas y que ha trabajado anteriormente con Declan McKenna, Metronomy, Noel Gallagher, The Charlatans, New Order, The Horrors, Arcade Fire, The National y un larguísimo etcétera. Por lo tanto, no hay mucho misterio detrás del acertado sonido que el quinteto de Cuernavaca interpreta. Dentro de sus propios estándares, las letras y desempeño vocal de Larregui cumplen con dar un falso sentido de profundidad mediante palabras rebuscadas y frases metafóricas, pero hay momentos donde no puede evitar caer en lo vacíos como “Repudio a la política de la extinción” o momentos finos como “y chinga tu madre”, incluso la creativa progresión de “Luci” se ve manchada por versos como “volarás como el Sol, calentando tu universo”, y si uno de los puntos que mal se pueden señalar de su primer sencillo “Azul” eran esos momentos donde colocar un verso o incluso palabras de más para remarcar el mensaje de desamor arruinaban la inmersión, lamentablemente, al menos la mitad del tracklist sufre también de este problema.

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Se aplaude que muchos apartados (especialmente el lírico) no caigan en los mismos recovecos pretenciosos de Prográmaton, incluso podríamos colocar a Aztlán por encima de éste, pero eso no impide que la banda siga siendo víctima de su propio estilo. Por su parte, la faceta instrumental de este Zoé renovado brilla con intensidad por la sabia implementación de sintetizadores para recrear atmósferas totalmente espaciales, y también la mezcla de sonido que proporciona un papel más protagónico al bajo de Ángel Mosqueda, robando reflector en más de una ocasión por tan acertadas líneas rítmicas y ejecución limpia (“No hay mal que dure“), pero si podemos hablar de un corte que recopile estos elementos ya mencionados en total armonía, sin duda debemos señalar a “Temor y Temblor”, un punto muy alto en el recorrido que nos recuerda el poder de un lisérgico León Larregui sobre un trasfondo apocalíptico donde el coro funciona como punto perfecto de reunión para letras crípticas con referencias astrales porque precisamente nos transportan a otra dimensión a partir de su segunda mitad, de igual forma tenemos “Hielo”, que brilla con una intensidad similar por su resonancia contrastada con un juguetón e intermitente teclado electrónico, aunque su exposición no sea tan creativa.

Hay que señalar que también hay momentos un tanto difíciles de definir; primero está el comienzo de “Ella es magia”, que da vida a comparaciones con intros como el de “Don’t You Evah” de Spoon o los numerosos lapsos entre canciones del White Album donde los integrantes de The Beatles hablaban entre sí (“Revolution 9”, “Revolution 1”), algo que nos dice entre líneas que tienen las influencias más acertadas del mundo y a través de ellas podríamos explicar muchas vueltas que se toman a lo largo del álbum, pero también nos habla de cuán arraigada está la banda con no romper ningún esquema por completo, dejando claro que en su situación/posición no pueden traicionar el estigma que se le tiene a su música por compromiso tanto con sus fans, disquera, como con su propio arco evolutivo. Y en segundo lugar está la parte final del disco, un cierre con broche de oro estelarizado por “Oropel” y “Clarividad” que nos recalcan la estética lineal de Aztlán, su condición como ente que exige ser escuchado de principio a fin para ser disfrutado como una experiencia entera, y aun así destacar cada una con brillo propio; “Oropel” por contener la misma tesis que “Hielo” pero exponenciada a un nivel más verosímil con el concepto que manejan y formar un pasaje más íntimo sin perder sus mejores propiedades que conecta con la canción final, que es el auténtico momento donde se rompe todo molde a favor de finiquitar con un imponente crescendo que desemboca en un pasaje que saca la vena más psicodélica, inteligente y mesurada del grupo.

No obstante, el principal problema de gozar con puntos tan altos es que opaca los demás temas con creces, y no es con ánimo de descalificar por completo los tracks más deficientes, de hecho, cada uno tiene argumentos propios para decir que la banda se encuentra explorando nuevos terrenos (ojo, explorando, no experimentando), pero muchos de ellos son muy frágiles, poco ambiciosos y palidecen ante sus elementos más gastados y mundanos. Volviendo una obra tan bien producida un dulce para los oídos en su mayoría de valor estéril, y que no tardará en caducar. La pieza homónima (la canción “Aztlán“) es, curiosamente, un punto que se siente fuera de lugar junto a su arte, poniendo en tela de juicio la fidelidad con la que Zoé respetaron su propio concepto para esta nueva etapa, de ahí que se hiciera toda este paralelismo con Moctezuma de Porter, pero la diferencia es que el de Porter es un disco lleno de referencias prehispánicas en todas sus vértices y aristas. Aún así, es un alivio saber que Zoé quizás, ya tienen mejor definido su estilo para los próximos años, que los pasos en falso como “Azul” o “Renacer” son cada vez menos. En sus mejores momentos, Aztlán se podría comparar con álbumes como As You Were de Liam Gallagher, puesto que ambos álbumes cumplen con la función de confirmar el talento de artistas bien posicionados en la industria, también de contener un par de #1 en venta garantizados y que aún sin esforzarse por entregar algo nuevo como podrían aparentar sus adelantos, dan una escucha entretenida. De hecho, hay que reconocer el valor de replay que Aztlán tiene, pero no hace falta ser sabio para saber que aún hay potencial para ser explotado. Porque también es muy evidente Zoé sigue uniendo algunos de los mismos eslabones que ya estamos cansados de escuchar una vez más. Porque cuando el soundtrack de tu documental trae más cosas interesantes sobre la mesa que tu nuevo álbum de estudio, entonces hay un par de situaciones que se deben resolver.

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